jueves, 24 de diciembre de 2015
Y llegó la Navidad
Y llegó
la Navidad, y los encuentros (que no siempre son geniales) con amigos y familia
en los que, aquí la menda, a la segunda copa soy como la Nati Abascal “quiero a
todo el mundo”. ¡Eh!, pero no se pasen con el alcohol que luego tenemos que
conducir, y eso de querer a todo el mundo como que tampoco.
Este año
no nos pillará con recetas aparatosas, ni tirando de tarjeta, que el horno sólo
está para dulces. ¡Oiga, y tan contentos! Dejémonos de los whatsaps, de
facebook y de emoticones con sus caritas y corazones y enviemos alguna tarjeta
escrita a mano que, además de la alegría de recibirlas, se guardan y es un
recuerdo muy entrañable. Aprovechen las tarjetas para decirle a su gente lo
mucho que se les quiere, aunque ya lo saben. Que ustedes saben que hay
situaciones muy duras, durísimas, y hay que aprovechar el momento.
Mi madre
murió de alzheimer y desde entonces tengo cierta sensibilidad por el tema de la
memoria, del olvido. Cuando olvidas dejas de existir y, por eso, desde aquel
día de septiembre guardo en una caja apuntes de situaciones agradables y hasta
de las sensaciones que tuve para que si me sucede a mí, mis hijos me lo
recuerden. Porque, aunque a veces tengamos la moral de rebajas, hay gente
magnífica, gente especial, encantadora, en el trabajo, entre los vecinos,
amigos, familia. Dejemos a los tóxicos, aunque a veces salpican.
El otro
día una amiga me decía que, en la medida de lo posible, ella aplicaba siempre
como formato la canción de Jarabe de Palo “Todo me parece bonito” intentando
ser positiva y que le funcionaba.
Así pues,
pasen unas navidades con mucho amor del bueno, no ese de diseño que se queda
fuera de la piel, y no se preocupen de la comida, que el caviar falso lo
tenemos la mayoría y, si puede ser, de oferta. Pero siempre en buena compañía.
domingo, 15 de noviembre de 2015
No hay razón
- ¿Podrías
decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Esto
depende en gran parte del sitio al que quieras llegar - dijo el Gato.
- No me
importa mucho el sitio... -dijo Alicia.
- Entonces
tampoco importa mucho el camino que tomes - dijo el Gato.
Aprovecho
este fragmento de Alicia en el País de las Maravillas para cambiar el contenido
“rosa” habitual del blog después de oír las noticias estremecedoras de París.
¡Qué quieren que les diga, me quedo sin palabras!
El Gato le
dice a Alicia que no importa el camino elegido. El azar, por azar una gente
escogió ese sitio para ir a cenar o a escuchar música, o no, ese día cambiaron
de sitio o se quedaron en casa. Para estos últimos la vida sigue, con tristeza,
con pánico, pero sigue. Hay un tenue hilo entre la vida y la muerte, a veces
una simple elección.
Mi columna en
este blog suele partir de historias inventadas tratando de hacer lo cotidiano
más llevadero, y con una tendencia hacia las fotos bonitas, desayunos idílicos
con sus tacitas molonas, cenas con velas y charlas hasta la madrugada, refugio
en el calor del hogar; todo muy bonito y a la vez ¡qué cursi!. Lo sé, pero me
gusta. Como dirían en la serie de los Simpson, vivo en la calle de las
piruletas.
Esta vez
escribo contra mi forma habitual de enfocar el blog, este hecho me ha conmovido
porque no lo entiendo, es una sinrazón, es violencia sin más. Nunca hay una
razón para tropezarse con la muerte cuando un día eliges ir a un concierto o a
cenar con los amigos o, por qué no, decidas separarte de un hombre con el que
no quieres convivir más. Nunca hay una razón para que una madre y su hija
mueran de un disparo, nunca hay una razón para que más de un centenar de
personas mueran a manos de ningún grupo terrorista armado Nunca hay una razón
para la violencia, se ejerza con las armas, con las manos o con las palabras.
¡Cuánto odio! ¡Cuánto terror!
¿Qué camino
hemos de escoger, el de la razón, el de la ira, el de la comprensión, el
recogimiento por el dolor? Que cada uno se pregunte qué camino escogería,
especialmente aquellos que han perdido a un ser querido o ese niño que ha
perdido a su madre y a su abuela, yo tengo claro lo que no escogería. No
escogería el camino del fanatismo que siempre conduce al horror y es el de la
sinrazón.
martes, 13 de octubre de 2015
Papeles
Siempre estoy escribiendo listas
de lo que quiero hacer este año, de objetivos semanales a los que quiero llegar, etc. El caso es que
mientras lo escribo me lo paso bien y trato de enganchar a mister D. para que
él añada las suyas y no entremos en la decadencia otoñal.
Desde siempre, es decir desde mi adolescencia he ido apuntando las cosas en papeles, libretas, siempre con el mismo fallo, asignando menos horas a tareas que en realidad luego me cuestan más. Obviamente, ahora el apuntar las cosas me va mejor por cuestiones de memoria y porque creo que mis objetivos, si los escribo serán más fáciles de conseguir y también porque creo que mis constantes vitales circulan ahora más tranquilamente.
Hablando de libretas y papeles,
organizando mi armario encontré una libreta donde apunté varias historias. Así
que les cuento una del escritor Manuel Vicent. No sé si es real o no pero me
gustó por la lealtad y el orden natural de actuación del perro.
Desde siempre, es decir desde mi adolescencia he ido apuntando las cosas en papeles, libretas, siempre con el mismo fallo, asignando menos horas a tareas que en realidad luego me cuestan más. Obviamente, ahora el apuntar las cosas me va mejor por cuestiones de memoria y porque creo que mis objetivos, si los escribo serán más fáciles de conseguir y también porque creo que mis constantes vitales circulan ahora más tranquilamente.
Hablando de libretas y papeles,
organizando mi armario encontré una libreta donde apunté varias historias. Así
que les cuento una del escritor Manuel Vicent. No sé si es real o no pero me
gustó por la lealtad y el orden natural de actuación del perro.
Alimento (Manuel
Vicent)
Habían traído un polluelo a casa y en el patio los niños jugaban con
él. Al principio parecía un puñado de algodón amarillo que sólo despertaba
ternura. El polluelo piaba, los niños reían y el perro, que también se había
incorporado a los juegos, ladraba. Durante unos meses fueron todos muy amigos.
Mientras los niños estaban en el colegio el perro cuidaba del polluelo, le
seguía los pasos por el patio, a veces le lamía con todo el cariño, y cuando
los niños regresaban a casa ellos también le acariciaban, y así fue engordando
el polluelo en medio de la dicha familiar. Con el tiempo, a este ser delicado
le fue creciendo una cresta roja y muy pronto sus muslos tomaron cierta
consistencia. Se sabe perfectamente cuál es el destino cósmico de los pollos.
Aunque, nadie en casa ignoraba que ese animal sería sacrificado en cualquier
onomástica, los niños le querían como un juguete, pero sin duda el amor del
perro era el más puro. Todos juntos habían compartido un sueño, unos nombres,
unas caricias, hasta que un día los niños volvieron del colegio y el pollo no
estaba. A la hora de la comida la criada sacó una bandeja de plata y en ella
había dos muslos, la pechuga partida, los alones, toda la carne de aquel amigo
de juegos rodeada, de chalotas y ciruelas. Siguiendo una costumbre de familia,
la cresta del pollo bien frita le fue ofrecida al hijo mayor para que se criara
valiente y guapo. Los demás devoraron su ración hablando cada uno de sus cosas
y nadie tuvo una palabra de recuerdo para aquel delicado ser que un día fue un
puñado de algodón amarillo: daban por supuesto que las leyes de la naturaleza
son inexorables. Con los restos del pollo la criada preparó la comida del perro
y éste en el patio se revolvía esperando el plato. Cuando la criada lo depositó
en el suelo el perro se abalanzó sobre él, pero esta vez el animal saltó
aullando hacia atrás apenas olfateó el alimento. Se negó a comer. Sentado junto
a los restos de su amigo comenzó a dar largos alaridos de duelo muy lastimeros
y así estuvo hasta la noche.
¡En fin, seguiremos con las libretas!
domingo, 12 de julio de 2015
Recetas
Supongo que a estas alturas sabéis que los
dulces son mi debilidad, comerlos, pero sobre todo elaborarlos.
El azúcar, como
los abrazos, una vez probados causa adicción. Vale, el exceso de mantequilla,
azúcar, etc., es verdad que nos sube el colesterol, que nos arruina la piel,
que engorda, etc. Me doy cuenta que nací en una época equivocada, hubo un
tiempo en que la gordura era igual a hermosura, pero bueno, supongo que
consumido todo con moderación es beneficioso. Porque no me negarán ustedes que
vivimos algo obsesionados con el cuerpo y la belleza (la salud mental la
dejamos aparcada en un rincón). Donde yo vivo parece Central Park, todos
corriendo y no porque les persigan. Los ves con sus pantalones cortos, sus
zapatillas destellantes, aparatos en sus muñecas para medir el ritmo de sus
corazones y con sus caritas rojas a punto de explotar. Yo que soy una envidiosa,
cualquier día me apunto porque mis caderas fondonas no aguantan más, o me
vuelvo a otras épocas, como los años 60.
Mis amigas que saben de mi afición a la
repostería me hacen mucho hincapié en que ponga las recetas en este blog.
Tranquilos, amigos de la Trastienda, que eso se lo dejo a los profesionales de
los cuales me dejo algo para el final de mi post. Mi adicción por aprender
repostería se la debo a mi abuela, cuando dejé de ser su ayudante y pasé a
elaborar mis propios dulces descubrí que me lo pasaba muy bien, que mientras
cocinaba me sentía feliz. Me resultaba tan especial la mezcla de harina, leche,
frutas… y que salieran unos postres, sino exquisitos, al menos comestibles.
Mi abuela tenía algunas normas y hacía especial
hincapié en dos de ellas: la primera decía que la presentación de un postre es
tan importante como su sabor y la segunda que si ves que el bizcocho te sale
seco no lo dudes, báñalo con licor (no saquen conclusiones de mis post por la
cosa del licor). Y aquí la menda lerenda les añade dos cosas más: la primera
que hay que pensar a quién va dirigido nuestro postre y la segunda es la música
que pongo mientras trabajo en la cocina. Por ejemplo, para hacer un bundt no
pondría a Manolo Escobar (bueno, no lo pondría nunca, no es mi tipo de música);
en el último dulce que hice para regalar, muffin de chocolate, negro por
supuesto, me puse los bailables de los años 50 – 60 (grabado por míster D).
Porque a veces, antes de empezar viene bien un baile en la cocina, les aseguro
que los postres salen geniales o, por lo menos te diviertes, y lo mejor es ver
a míster D cómo me mira, con los ojos en blanco (yo le agradezco que se censure
lo que piensa) aunque de vez en cuando se apunte a mis bailes y ríanse de Fred
Astaire y Ginger Rogers.
Termino mi post agradeciendo la ayuda
convertida en receta y pequeños trucos que siempre son de gran ayuda, tanto en
tiempo como en experiencia, de Marina (hija), Beatriz (sobrina), Susi y Montse
(amigas) y, por supuesto Estefanía (La chica de la casa de caramelo), Mónica
(Retro Cake), Encarna (Mi adorable cocina), Amparín (Villar), Lorena (A comer),
Lola García (La cocina mágica de Manu), Carolina y, por supuesto a Vázquez
Montalbán que llenó muchas tardes de verano campestre con su receta de pastel
de pistachos.
Por cierto, aprovecho la pereza campestre para
despedirme de ustedes. Nos vemos en septiembre.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Paréntesis
Sinopsis del
libro de Juan Marsé: “Noticias felices en aviones de papel”
“En un día cualquiera de un verano de
finales de los 80, arriba en el 2º piso, vive la Sra. Pauli, una viejecita que
aún lleva los labios de carmín…
Bien mirado, hoy no es un día cualquiera
porque la Sra. Pauli ha tenido una gran idea: lanzar aviones de papel cargados
de buenas noticias desde su balcón.”
Y ahora viene
la pregunta: ¿por qué les hablo de Juan Marsé y sus aviones de papel?
Porque,
aunque la vida a veces es un poco complicada, todavía hay gente que en
cualquier oficio hace que las cosas funcionen de la mejor manera consiguiendo
con su trabajo más armonía o, si lo prefieren, buen rollo.
Miren
ustedes, hace poco estuve en una boda: los novios super guapos, los
acompañantes también aunque algunas se empeñaran en el tacón de aguja (era mi
caso) y parecían “patos mareaos” pero, la verdad, aunque sea para subir al Cerro,
mejor con tacón de aguja. Bien, como les decía, la boda estuvo genial por mil
razones y la cena estupenda, con unos camareros muy amables que con su gran
conocimiento del oficio ayudaron a esa armonía oculta y contribuyeron a que el
acontecimiento fuera algo muy especial.
Vuelvo a los
aviones de papel. Conozco gente con
grandes capacidades intelectuales, personas de mucho talento y muchos
conocimientos pero que no van acompañados de esa aptitud llamada “buen rollo” y
que no superan ninguna barrera por mucho talento que tengan. Sí, ya saben de
qué les hablo, de esos amargados, de la España en blanco y negro, de los
salvapatrias… Ya empiezan a aburrirme.
Vuelvo otra
vez a loa aviones de papel. Por favor, cómo me enrollo. Estoy hablando de esos
maestros de un pueblo muy especial para mí, maestros que cuentan y escuchan
historias de sus alumnos, mil historias en las que hablan de felicidad, de
ortografía, de recetas cotidianas, incluso de cómo hacer el mejor jabón. Y
hablan de libros, y ese día 23 de abril, día internacional del libro, hicieron
que ese día fuera original, armonioso y compartieron el buen rollo con la gente
del pueblo lanzando aviones de papel desde la terraza de la escuela con
poesías, canciones, recetas, dibujos y, sobre todo, muy buenas intenciones.
La vida sigue
igual, donde la dejamos, pero a veces esos paréntesis ayudan a que la Sra.
Pauli, la Sra. Patrocinio… lancen buenas ideas.
sábado, 28 de marzo de 2015
Locura
Hoy mi
artículo va dirigido a esas chicas con cierta dosis de locura, con mucho
sentido del humor y amistad y que se dislocan a la hora de vestirse. Porque,
por si todavía no se lo he dicho, va dirigido a chicas de 40, 50…, sí, a esas
chicas que ya están en el epicentro de la catástrofe y en las que las hormonas
juegan con su cuerpo a su antojo. Esas chicas que cuando salen de noche y se
pasan con el gin-tonic, se desinhiben y hablan como si estuvieran sometidas a
un tercer grado sin parar de hablar. Luego, llega el camarero de la casa y
pregunta “¿un licorcito de la casa?”, y ven las caras de sus compañeros, míster
D, míster J... censurándolas, que les dicen “alguien tiene que conducir”. Al
final acaban siendo adictos a la coca cola.
Digo todo
esto para que se sitúen en ese lado cómico-loco. Y vuelvo a mis chicas de edad
avanzada, la locura de mis amigas me encanta, te dicen lo que piensan con
dulzura, no para hacerte daño sino para ayudarte, se les nota quién no les
gusta, no pierden las buenas formas pero intentan no perder el tiempo en
sentimientos que ni ellas mismas se creen. Te dan un abrazo sin más, mil besos,
te guardan cajas sin saber para qué las quieres aunque en el interior piensen
que tienes el síndrome Diógenes, bailan, te llaman para tomar una cerveza en la
playa, te cuentas secretos, lloran por cualquier cosa, te guardan el mejor
trozo de pastel, comparten tus tonterías, tus sueños, siguen haciendo nuevos
proyectos. Cuando llega el verano no pertenecen a esa asociación del pareo para
ocultar los michelines, al contrario, orgullosas de los suyos, de sus arrugas y
cicatrices aunque, por supuesto, obsesionadas por la salud.
Déjense
querer por un loco o una loca. Su sentido de la amistad es genial y tiene dos
características: lealtad y sentido del humor. Con humor suavizan todas aquellas
aristas que en la vida diaria se van procesando, cuando se enfadan siempre hay
una claudicación porque tienen muy claros sus sentimientos de lealtad, y algo
tan simple como ponerse en la piel del otro, te quieren si más, si no fuera así
mucho me temo que tendrían alma de
Cruella de Vil.
Ahora, lo
mejor es la libertad que tienen a la
hora de vestir, suelen pasar bastante de tendencias y, que conste, que algunas
se lo pueden permitir económicamente. La mayoría, con la edad, han cambiado de
estilo, ahora estarían entre el siglo XVIII (encajes, puntillas, bordados,
estilo Annie Hall), sin venir a cuento se ponen sombreros canotier, estilo
Indiana Jones, pañuelos en la cabeza, todo con mucho colorido, eso sí, siempre
fieles a los vaqueros, a los zapatos rojos y a esos bolsos grandes estilo Mary
Poppins, con más años que Tutankamon. Ya han dejado atrás los colores neutros,
vestidos negros (básicos en cualquier fondo de armario). Abrir el armario de
algunas de ellas era lo más parecido a un tanatorio. Hoy, a pesar de los
cambios, siguen conservando su estilo pues les sale de dentro; el único punto
al que siguen siendo fieles es que eligen prendas cómodas.
No
piensen en personajes de papel, tienen nombre y las conozco. No se preocupen,
algún día se las presentaré, seguro que también querrían ser cómplices de sus
locuras.
sábado, 7 de marzo de 2015
2 x 1 euro
Estoy
leyendo: “Las cartas de amor de Joe Dimaggio y Arthur Miller a una de las
estrellas más grandes que ha tenido el cine, Marilyn Monroe, fueron subastadas…”
Después de leer este artículo me viene a la cabeza la palabra vulnerable y el recuerdo de la visita, año tras año, a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Al recorrer los puestos siento como si el tiempo se hubiera detenido en épocas pasadas. Una simple etiqueta blanca con los bordes azules me recuerda el papel azul con el que se forraban los libros de texto y, les contaré un secreto, me recuerda aquel día que tuve la feliz idea de forrar mis libros de historietas de azul y ponerles por fuera las etiquetas de Ciencias, Matemáticas, etc. La cosa funcionó hasta que mi madre, sorprendida porque repentinamente tuviera tanto interés por el estudio, descubrió el invento que duró poco, me descubrieron pronto.
Después de leer este artículo me viene a la cabeza la palabra vulnerable y el recuerdo de la visita, año tras año, a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Al recorrer los puestos siento como si el tiempo se hubiera detenido en épocas pasadas. Una simple etiqueta blanca con los bordes azules me recuerda el papel azul con el que se forraban los libros de texto y, les contaré un secreto, me recuerda aquel día que tuve la feliz idea de forrar mis libros de historietas de azul y ponerles por fuera las etiquetas de Ciencias, Matemáticas, etc. La cosa funcionó hasta que mi madre, sorprendida porque repentinamente tuviera tanto interés por el estudio, descubrió el invento que duró poco, me descubrieron pronto.
Durante la
visita a la Feria de este año empecé a mirar unas tarjetas antiguas, con muchas
flores, ya lo saben, muy vintage (¿lo dudaban?) y entre ellas había una foto en
blanco y negro con cierto color amarillento por el paso del tiempo. La foto era
de un señor de unos treinta y tantos años, con traje de pana, pelo engominado
muy peinado y con una dedicatoria a su chica fechada el 26 de mayo de 1958.
Enseguida pensé dónde estaría ahora su chica, o él y por qué la foto había ido
a parar olvidada a una caja con el rótulo de 2 x 1 euro.
Supongo que
los descendientes de Marilyn necesitarían dinero porque, las cartas de amor y
los sentimientos, ¿se venden? De ahí la palabra vulnerable, nada es perdurable
sólo los recuerdos y, a veces, tengo mis dudas. Me consuela pensar que las
fotos y los recuerdos se las quedarán los hijos, las familias, los amigos y
amigas y, espero, no pasarán a un stand con el rótulo 2 x 1 euro.
miércoles, 28 de enero de 2015
Carpe diem
Rituales que
no quiero dejar pasar: la felicitación recíproca, año tras año, a la antigua
usanza con postal y sello con mi amigo Javier, las recetas compartidas y
consejos culinarios de la chica de la mermelada de mandarina que me son de
tanta ayuda y ese mensaje de fin de año de mis sobrinos que no me canso de
escuchar. Todas esas cosas y más con las que no quiero cansarles ayudaron a
tener un buen comienzo de la Navidad.
Luego despedí
el año igual que empecé la Navidad, con gente a la que quiero y, por supuesto,
con una digestión pesada por los platos contundentes, con sillas vacías que
animaban al recuerdo y con el sentimiento alegre de haber compartido muchas
navidades, muchos guiños y muchos secretos. Y, ahora, comienzo el año pensando
que estrenamos nuevas oportunidades, que si lo acompañamos de “buena salud,
trabajo y mucha ilusión” supongo que tendremos muchas aventuras que todavía
desconocemos pero que seguro que nos ayudarán a crecer y a evolucionar.
Como siempre,
pocas cosas tengo claras, no voy a comprometerme con promesas que ni me las
creo ni cumpliré, como gimnasios, bajar peso, que todo el mundo es maravilloso,
que todos vamos a triunfar, etc. Pero sí quiero seguir comiendo tartas de
chocolate sin mala conciencia, tener tiempo para pasear, leer y no hacer nada,
ducharme sin prisas hasta salir como un cangrejo de tanta agua caliente, seguir
disfrutando del primer café de la mañana, tener siempre un pintalabios en mi
bolso, que la gente que quiero sepa que la quiero, alegrarme cuando la gente encuentre trabajo y no tenga que irse de este
país, que mis hijos sean felices y tengan mucha salud, poder decir no sin
remordimiento, seguir jugando a creerme la mejor repostera del mundo mundial,
tener la capacidad de echar a correr cuando la estupidez y la crueldad superan
la realidad, dejar el whatsapp (guasapeo) cuando esté con amigos y agradecer la
lectura de este blog.
Habitualmente
no soy de frases pero, en este caso, les dedico una con el sentido que le da la
película El club de los poetas muertos:
“Carpe diem” y que sean ustedes muy felices en
este año 2015.
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