“En un día cualquiera de un verano de
finales de los 80, arriba en el 2º piso, vive la Sra. Pauli, una viejecita que
aún lleva los labios de carmín…
Bien mirado, hoy no es un día cualquiera
porque la Sra. Pauli ha tenido una gran idea: lanzar aviones de papel cargados
de buenas noticias desde su balcón.”
Y ahora viene
la pregunta: ¿por qué les hablo de Juan Marsé y sus aviones de papel?
Porque,
aunque la vida a veces es un poco complicada, todavía hay gente que en
cualquier oficio hace que las cosas funcionen de la mejor manera consiguiendo
con su trabajo más armonía o, si lo prefieren, buen rollo.
Miren
ustedes, hace poco estuve en una boda: los novios super guapos, los
acompañantes también aunque algunas se empeñaran en el tacón de aguja (era mi
caso) y parecían “patos mareaos” pero, la verdad, aunque sea para subir al Cerro,
mejor con tacón de aguja. Bien, como les decía, la boda estuvo genial por mil
razones y la cena estupenda, con unos camareros muy amables que con su gran
conocimiento del oficio ayudaron a esa armonía oculta y contribuyeron a que el
acontecimiento fuera algo muy especial.
Vuelvo a los
aviones de papel. Conozco gente con
grandes capacidades intelectuales, personas de mucho talento y muchos
conocimientos pero que no van acompañados de esa aptitud llamada “buen rollo” y
que no superan ninguna barrera por mucho talento que tengan. Sí, ya saben de
qué les hablo, de esos amargados, de la España en blanco y negro, de los
salvapatrias… Ya empiezan a aburrirme.
Vuelvo otra
vez a loa aviones de papel. Por favor, cómo me enrollo. Estoy hablando de esos
maestros de un pueblo muy especial para mí, maestros que cuentan y escuchan
historias de sus alumnos, mil historias en las que hablan de felicidad, de
ortografía, de recetas cotidianas, incluso de cómo hacer el mejor jabón. Y
hablan de libros, y ese día 23 de abril, día internacional del libro, hicieron
que ese día fuera original, armonioso y compartieron el buen rollo con la gente
del pueblo lanzando aviones de papel desde la terraza de la escuela con
poesías, canciones, recetas, dibujos y, sobre todo, muy buenas intenciones.
La vida sigue
igual, donde la dejamos, pero a veces esos paréntesis ayudan a que la Sra.
Pauli, la Sra. Patrocinio… lancen buenas ideas.




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