Digo todo
esto para que se sitúen en ese lado cómico-loco. Y vuelvo a mis chicas de edad
avanzada, la locura de mis amigas me encanta, te dicen lo que piensan con
dulzura, no para hacerte daño sino para ayudarte, se les nota quién no les
gusta, no pierden las buenas formas pero intentan no perder el tiempo en
sentimientos que ni ellas mismas se creen. Te dan un abrazo sin más, mil besos,
te guardan cajas sin saber para qué las quieres aunque en el interior piensen
que tienes el síndrome Diógenes, bailan, te llaman para tomar una cerveza en la
playa, te cuentas secretos, lloran por cualquier cosa, te guardan el mejor
trozo de pastel, comparten tus tonterías, tus sueños, siguen haciendo nuevos
proyectos. Cuando llega el verano no pertenecen a esa asociación del pareo para
ocultar los michelines, al contrario, orgullosas de los suyos, de sus arrugas y
cicatrices aunque, por supuesto, obsesionadas por la salud.
Déjense
querer por un loco o una loca. Su sentido de la amistad es genial y tiene dos
características: lealtad y sentido del humor. Con humor suavizan todas aquellas
aristas que en la vida diaria se van procesando, cuando se enfadan siempre hay
una claudicación porque tienen muy claros sus sentimientos de lealtad, y algo
tan simple como ponerse en la piel del otro, te quieren si más, si no fuera así
mucho me temo que tendrían alma de
Cruella de Vil.
Ahora, lo
mejor es la libertad que tienen a la
hora de vestir, suelen pasar bastante de tendencias y, que conste, que algunas
se lo pueden permitir económicamente. La mayoría, con la edad, han cambiado de
estilo, ahora estarían entre el siglo XVIII (encajes, puntillas, bordados,
estilo Annie Hall), sin venir a cuento se ponen sombreros canotier, estilo
Indiana Jones, pañuelos en la cabeza, todo con mucho colorido, eso sí, siempre
fieles a los vaqueros, a los zapatos rojos y a esos bolsos grandes estilo Mary
Poppins, con más años que Tutankamon. Ya han dejado atrás los colores neutros,
vestidos negros (básicos en cualquier fondo de armario). Abrir el armario de
algunas de ellas era lo más parecido a un tanatorio. Hoy, a pesar de los
cambios, siguen conservando su estilo pues les sale de dentro; el único punto
al que siguen siendo fieles es que eligen prendas cómodas.
No
piensen en personajes de papel, tienen nombre y las conozco. No se preocupen,
algún día se las presentaré, seguro que también querrían ser cómplices de sus
locuras.

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