sábado, 27 de diciembre de 2014

Feliz Navidad



 



No quiero dejar pasar un día más sin felicitarles desde mi blog aunque, por supuesto, mejor sería una postal, un sobre, sello, etc.

Les deseo un año 2015 esperanzador y que siempre tengan en su mesa un buen dulce.




domingo, 30 de noviembre de 2014

¡Zas!

Ciertas situaciones cotidianas se convierten en “deporte de alto riesgo”. Por ejemplo, pasear por la calle, pisar un helado de alguien que no utilizó la papelera y ¡zas!, acabar con una pierna escayolada, que fue lo que le sucedió a una vecina. En este caso, alguien como Boris Izaguirre nos diría que, al menos, hay cierto glamour en el hecho pues lo pisado podía haber sido una mierda. También acompañar a una suegra al supermercado tiene sus riesgos, que fue mi caso, resbalé y ¡zas!, escayolada por un esguince grave de tobillo. Siempre me surge una duda, que quiero a mi suegra está claro, por ella tengo a mi chico, pero a ver si a lo tonto a lo tonto, no me empujaría un poquito, aunque fuera mentalmente.
Mi familia, durante la convalecencia del tobillo, me dejaba en un parque de mi barrio, para que me entretuviera y de paso los dejaba tranquilos un par de horas, o sea, “mucho te quiero perrito pero de pan poquito”. Y de ahí me vino el síndrome de Forres Gump. Me sentaba con la compañía de un libro y de mi perra Tula, empezaba la lectura pero me duraba poco, enseguida se sentaba alguien a hablar conmigo. Así conocí a Juan, un hombre mayor, jubilado, que los sábados a la misma hora se sentaba también en el parque y que me contaba algo de su vida de juventud: cómo conoció a su mujer, cuando los hijos se casaron…
Una de esas veces vino su hija a por él pues le costaba andar, la chica llevaba unas flores de plástico compradas en los chinos y el padre le dijo: “sabes que no puedo ver las flores de plástico, son tristes, no tienen vida”. Y ese hecho le dio pie a contarnos una historia:
Era invierno, estudiaba pues me preparaba para opositar a funcionario y recuerdo que a esas horas de la madrugada en las que ya estudiar resulta tedioso y monótono, con frío y yo intentando comprender lo que estudiaba, a esas horas, en la calle, balanceándose por la embriaguez, un hombre de mediana edad se sentaba en el portal de la finca de enfrente, se dormía y a eso de las dos de la madrugada se levantaba y, supongo, se iba a su casa, y así día tras día mientras yo seguía estudiando unas oposiciones que se realizaban en verano.
Finalizaba el invierno, yo seguía preparando mis oposiciones que cada vez estaban más cerca y aquel hombre volvía siempre con la misma embriaguez, se sentaba en el portal y a las dos de la madrugada se levantaba…
Un día dejé de verlo, aunque mi vista siempre se dirigía hacia el portal y una noche, una mujer de mediana edad se acercó y dejó unas flores de plástico y junto a ellas una carta, llevaba pantalones negros de lycra y mucha determinación en el rostro y la mirada.
Desde entonces me produce tristeza ver flores de plástico en carreteras, en algún portal y a veces hasta trasnochar. Nunca supe nada de aquel hombre ni de esa mujer, puedo imaginar cualquier cosa, a lo mejor compartían bares y copas, él le contaría sus sueños y ella sus miedos, serían cómplices de quién sabe qué y seguro que formarían un buen equipo, o no.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Perfectas palabras

Mi hermano siempre me dice que el trabajo, sea cual sea, hay que hacerlo bien, tanto da que seas ministro, jefe, conserje, conductor, etc. Que conste que, como hermano mayor que es, casi siempre intento hacerle caso aunque no siempre lo consiga. En esas pocas veces que no le hago caso, insiste en su teoría, erre que erre, que si todos hiciéramos bien nuestro trabajo, con mucho amor, con conocimiento de oficio, ahorraríamos esfuerzo. Bien, hasta aquí tiene lógica e incluso sentido común y, como lo dice mi hermano, yo me lo creo aunque no lo pueda cumplir en su totalidad.
 Pues bien, mientras escribo este post la cabeza me da vueltas y me siento como si hubiera ingerido un exceso de monóxido de carbono (cosa rara ya que vivo en un bonito pueblo). Debe ser que atravieso un momento de pánico tipo Felipe (no se asusten, me refiero al personaje de Mafalda). Y claro, es que ahora me ha dado por ver y oír los informativos y la información es bastante caótica.
Pienso en algunos políticos y en el trabajo que realizan y me pregunto si seguirán el consejo de mi hermano. Pues sí, son perfectos ladrones que han formado la asociación Hipócritas Sociales y la mayoría son muy educados, aunque algunos no tanto. Con sus disfraces bien adaptados para conseguir sus fines recurren a sus perfectas palabras, tan sutiles, tan vanidosos. Ya sé que en mis palabras hay ironía pero no me negarán que son muy sutiles, llenan sus bolsillos con el dinero público engañando a su país, sus perfectas palabras han sido las adecuadas para el engaño. Hablo de determinados políticos, afortunadamente no son todos, esos que se sienten salvapatrias y que están haciendo de nuestra querida España (como diría Cecilia) un país putrefacto.
En conclusión, es todo tan surrealista que no tengo conclusión y, después de leer este post, no sé si ustedes la tendrán.

sábado, 27 de septiembre de 2014

¡Hola!

Se me acerca una vecina muy amable, del grupo de veraneantes como yo, para recordarme que ya me queda poco para volver y me confiesa que a ella aún le queda un mes más. ¡Pues qué bien!, le digo yo, y aprovecho esta amabilidad para llamar a mi hijo y anunciarle que volvemos a casa.
De repente te encuentras con la rutina que, he de decir, a veces  se agradece. Vuelvo a este, mi blog, con la dificultad de siempre para expresar lo que quiero contar y que acaba en lo que realmente cuento. Y con el encuentro sientes las pequeñas chispas de felicidad que dan los abrazos y un ¡hola!
Y vuelves, y dejas atrás gente buena, alegre y divertida, situaciones cotidianas en las que la realidad y la ficción se entremezclan resultando muy difícil marcar la línea de separación entre una y otra. Hoy mi pensamiento vuelve a la playa, mi playa, que tiene mucho de entrañable, las gentes con sus gorras y sombreros de paja del mercadillo, los abanicos regalados por el aniversario, los capazos personalizados o las mochilas hechas a mano, carros infantiles que cargan de todo…
Mi playa es tranquila, familiar, no de esas que hay que pedir permiso para poder poner la sombrilla, con mamás y papás corriendo con el bote de crema para proteger a sus hijos del sol, el vecino fotógrafo que ve la belleza y la crítica en cada rincón de su playa y tiene el privilegio de compartirlo en su blog y aquel otro vecino que trasplanta y cuida plantas que después regala a los vecinos para que tengan un buen recuerdo. Una playa con buena gente donde los vecinos se conocen, colaboran en la búsqueda de un perro perdido, donde hay zumba para divertirnos y para que esos aperitivos no engorden en exceso nuestras caderas.
Aunque también, una playa donde a veces las lecturas se ven interrumpidas por niños juguetones, por perros impulsivos y pelotas temerarias. Casi siempre hay tranquilidad y silencio, roto en pocas ocasiones por alguna música lejana procedente del puerto o del club social.
Ya en casa echaré de menos a mis primos, las tertulias para elegir entre titulación y experiencia, entre falsedad y mentira, los paseos nocturnos, los diurnos en el mercadillo, las recetas con los secretos compartidos, los guiños, los desayunos largos y la mirada lejana a la isla.
Pero ustedes saben que, año tras año, como cualquier verano en cualquier sitio, existe la posibilidad de ser felices. ¡Sean felices!

domingo, 29 de junio de 2014

De la película Manhattan, de Woody Allen

Verano de cine

Es sábado, termino de tomarme un café para sacudir la somnolencia de los primeros avisos que nos lanza el verano.
Hace un año que comencé mi blog. Un año da para mucho y no todo han sido cajas llenas de cintas de celofán, tartas, etc., también ha habido hospitales, tanatorios, desamores, gin tónic, sonrisas, abrazos… Confieso que escribir me resulta difícil, ya sé que mi blog se lee en un plis plas, pero escribir es arriesgarse a exponer tus “verdades encubiertas”.
Mi blog empezó en junio, el mes de mojarse los pies para pedir un deseo, encender velas, volver a la playa, encontrase con el cine de verano, esos bocadillos interminables; me gusta el cine, el cine me dio amigos y amigas, grandes aventuras e incluso algunos amores que se iniciaron en el cine y acabaron en algún compromiso.
Hubo una época dominada por el cine de arte y ensayo y el cine en blanco y negro, después nos reconciliamos con la época dorada de Hollywood y el cinemascope. Nos reímos con los hermanos Marx, nos vestimos igual que Audrey Hepburn o el estilo de Lana Turner con aquellas faldas rectas en forma de tubo y jerséis ajustados  con pañuelos de lunares anudados al cuello y no con los pañuelos de estilo rancio y malicioso de Anne Bottle. Un recuerdo para aquella época dorada en la que predominaba la lágrima fácil con chica que se despedía de chico desde la ventanilla de un tren mientras les envolvía una nebulosa de vapores y el tren arrancaba lentamente.
Yo también me despido lentamente desde mi blog, feliz y agradecida por leerme, dicho en voz alta y desde el corazón, deseándoles que tengan un verano con muchos abrazos, besos, salitre, buenos deseos… ¡vaya, un verano de cine!, pero no se vayan del todo que nos vemos en septiembre.

Imagen de Rafael Castillejo

jueves, 29 de mayo de 2014

Matilde

Por fin me atrevía a coger el coche por el centro de una ciudad cualquiera. No llevaba una dirección concreta, quizás fue el azar el que me llevó a esa calle. Casi con susto pude ver los detalles de un edificio abandonado que no me resultó desagradable.
Aparqué con una simple maniobra –cosa nada fácil dadas mis habilidades al volante- y, tras unos instantes de indecisión, entré allí. Pude comprobar los restos del naufragio de lo que había sido una gran biblioteca donde todavía se podía respirar una atmósfera llena de espíritus literarios. Mi imaginación vio grandes estantes abarrotados de libros, algunos encuadernados en piel, sillones antiguos tapizados en verde, una mesa pequeña con una lámpara pequeña que creaba sensación de intimidad y, allí sentada llevando la biblioteca, una mujer que con voz imperativa pide silencio.
De repente, se abre la puerta, se oye un taconeo firme en el suelo y aparece una mujer con el perfume añejo de la colonia Myrurgia, nariz aguileña, ojos marrones, estilo de vestir años 50 con falda estrecha, suéter ajustado; todos la conocen como Matilde. Lleva una maleta de cartón con muchas pegatinas de sus viajes por todo el mundo, es la maleta viajera, y en su interior aparecen los libros más interesantes.  Va por los pueblos narrando historias, coplas, poesías… Nos invita a las tertulias del anochecer formando un círculo mágico en el que una vez hemos entrado descubrimos el mundo de la lectura. Es la maleta de las mil historias: la del leñador con las tres hachas, lo que sé de los hombrecillos, la vida era eso… Yo, como tengo vena infantil, me pido la de Tarzán en la selva y como allí no hay móvil aprovecharé para aprender a tocar los timbales. ¡Seguro que me irá mejor que con el guasap!

domingo, 27 de abril de 2014

Arreglar los armarios

Todos mis post se debaten entre dos mundos: el frívolo y el del intelecto, y está claro por cual me decanto. Luego llega mi chico y, por si quedaba alguna duda, me lo aclara:
- Tus post parecen la columna rosa de internet.
Entonces, mi cerebro genera mecanismos de defensa para hacer frente a sus críticas y decide que yo siga a lo mío. Hoy quiero hablar de una de las cosas que más me cuesta: el orden. Esa parte que tengo de “Susanita” se tiene que poner a trabajar porque mi casa necesita cambios.
Primer propósito: ordenar los armarios, que ya toca. Primero cojo un folio y empiezo a dibujar cómo quiero ese orden; por supuesto, luego echaré mano de las cajas (tengo unas preciosas muy vintage). Cuando llego a este punto empiezo a recordar todos los armarios que he conocido, la forma y contenido de un armario, creo que forman parte de la vida de las personas.
El primer armario que conocí era pequeño, de madera de haya, con mis iniciales talladas; después los he ido conociendo grandes, de madera de cerezo e incluso con compartimentos secretos. En época de escasez eran de aglomerado, simplemente estantes y sus puertas, cortinas a cuadros. Según la época el diseño era diferente, también unido a la economía familiar. Pero todos cumplían su función: establecer un riguroso orden.
Arreglar un armario es algo complicado, acumulamos tantas cosas: ese vestido que no puedes ponerte por cuestión de talla pero que te recuerda una noche de fiesta con las amigas, ese pañuelo que… Sigo sacando del fondo del armario cosas inservibles (como siempre, no me desprendo de nada) y, al ver los bañadores, empiezo a preparar un plan para el verano y a sentir el primer chapuzón.
Voy estableciendo un nuevo orden con ayuda de las cajas vintage para que mi armario quede perfectamente ordenado, donde cada cosa tenga su sitio y no pase eso de “qué me pongo”.
Sinceramente, ordenar un armario es como ordenar tu vida en dos horas.

miércoles, 26 de marzo de 2014


Con café, sexo y postre... de los ratones, siempre es un buen comienzo. Canción de su último disco que podéis escuchar en: http://www.elpostredelosratones.com/

¿Hay amor?

No me pregunten por qué pero me gusta escuchar y observar, en el autobús o el metro, las conversaciones ajenas. Reconozco que es una fuente de información que luego utilizo en estos post.
Una de esas veces que iba en el autobús de la EMT había un grupo formado por varias parejas con una edad entre los 40 y 50 años; un hombre de ese grupo no paraba de protestar: que no gano suficiente, que mi hijo no estudia, etc. y, de esta forma, justificaba su mala leche. La imagen que daba, para que ustedes me entiendan, era la de malote de barrio cargado de chulería (como queriendo imitar a Risto. Sí, ese del sofá de Chester y que en el fondo es un tocapelotas). Volviendo a lo mío, este personaje del autobús les decía a los otros que su mala leche estaba justificada por la situación de su vida y por la crisis que afectaba al país. ¡Falso!, hay gente que soporta grandes penas y no van por ahí demostrándolo.
Cuando escuchabas un poco más descubrías que este personaje pertenecía a la tribu de los agrios, descontentos de bar y autobús, que son incapaces de trasladar ese descontento al trabajo en común para conseguir mejoras en la vida propia y de los demás y que tienen suficiente con despotricar contra el mundo entero por lo mal que viven, mientras se alegran del mal ajeno confirmando su teoría de que el mundo tiene que ir peor que ellos.
Desde luego, amargó a medio autobús con su mala leche. Eso sí, decía que era realista, mientras una servidora lo veía como un borrego, obedeciendo al poder aunque lo critique, y convencida de que en el trabajo era una persona servil, con esa ideología tan abundante de “quítate tú que me ponga yo”; vamos, de esa gente que consigue que el ambiente sea poco habitable.
Estuve a punto de preguntarle: ¿hay amor?, pregunta que siempre hago a mi gente ironizando; pero, lo confieso, no tuve valor porque creo que me hubiera fulminado con la mirada y seguro que, después, mi chico me hubiera dicho: podrías ser un poco más prudente y callar. Para llevar mejor vida, todos tendríamos que trabajar como asignaturas prioritarias la felicidad y la autoestima. Cuando se es feliz se es mejor persona.
Que conste que si vuelvo a ver a este personaje le daré las gracias ya que su mala leche me ha servido para escribir este post. Para que luego digan que el cotilleo no sirve para nada.