domingo, 29 de junio de 2014

Verano de cine

Es sábado, termino de tomarme un café para sacudir la somnolencia de los primeros avisos que nos lanza el verano.
Hace un año que comencé mi blog. Un año da para mucho y no todo han sido cajas llenas de cintas de celofán, tartas, etc., también ha habido hospitales, tanatorios, desamores, gin tónic, sonrisas, abrazos… Confieso que escribir me resulta difícil, ya sé que mi blog se lee en un plis plas, pero escribir es arriesgarse a exponer tus “verdades encubiertas”.
Mi blog empezó en junio, el mes de mojarse los pies para pedir un deseo, encender velas, volver a la playa, encontrase con el cine de verano, esos bocadillos interminables; me gusta el cine, el cine me dio amigos y amigas, grandes aventuras e incluso algunos amores que se iniciaron en el cine y acabaron en algún compromiso.
Hubo una época dominada por el cine de arte y ensayo y el cine en blanco y negro, después nos reconciliamos con la época dorada de Hollywood y el cinemascope. Nos reímos con los hermanos Marx, nos vestimos igual que Audrey Hepburn o el estilo de Lana Turner con aquellas faldas rectas en forma de tubo y jerséis ajustados  con pañuelos de lunares anudados al cuello y no con los pañuelos de estilo rancio y malicioso de Anne Bottle. Un recuerdo para aquella época dorada en la que predominaba la lágrima fácil con chica que se despedía de chico desde la ventanilla de un tren mientras les envolvía una nebulosa de vapores y el tren arrancaba lentamente.
Yo también me despido lentamente desde mi blog, feliz y agradecida por leerme, dicho en voz alta y desde el corazón, deseándoles que tengan un verano con muchos abrazos, besos, salitre, buenos deseos… ¡vaya, un verano de cine!, pero no se vayan del todo que nos vemos en septiembre.

Imagen de Rafael Castillejo

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