jueves, 11 de junio de 2020
Me pido una excedencia
Tengo
que empezar mi Trastienda con un agradecimiento a mi querido amigo J.F., más
conocido por el “anónimo”. Gracias por tu música, gracias por tus poesías,
gracias por tu constancia, han hecho un poco más agradable este confinamiento.
He de decirte también que gracias a ti mi Trastienda ha subido mucho de
lectores, de calidad y de calidez. Mil gracias. Me gusta saber que mi
Trastienda es compartida por alguien tan especial para mi familia (ya lo sabe
usted, aquí tiene su espacio).
Mil
gracias también a mis lectores por interesarse por mi y por él y, al ver mi
poca constancia en los “post”, preguntarme si me pasaba algo. Supongo que, a
todos, esta situación de la pandemia nos ha cambiado mucho la vida. Dos
palabras han sido constantes para mi en estos días tan tristes: aceptación y
confianza.
Últimamente
me asomo a mi Trastienda de manera fugaz y, aunque escribir me quita mis
temores y me ayuda en mis sentimientos, creo que me está pidiendo una
excedencia. En estos momentos en los que se supone que tengo más tiempo sucede
todo lo contrario, no encuentro el momento. Además, necesito estar lo más
posible con mi familia, mis amigos, mis paisajes, vivir el día a día; en pocas
palabras, la vida se ha convertido en lo más importante en estos momentos.
Seguramente algún día volveré a escribir mis “post” rosas, cursilones, que es
lo mío; ya lo saben, siempre me han sido de gran ayuda para organizarme en mis
emociones.
En
cualquier caso, continuaré pensando que ha sido gratificante compartir algo con
Angelito.
miércoles, 13 de mayo de 2020
Quién iba a decir...
Tengo
un hermano, es alto, moreno, de ahí su apodo, “el negre”, de verbo espontáneo y
hace unos días fue su cumple. Así pues, te felicito, qué suerte tiene el mar de
tenerte, porque ya lo dijiste con tus canciones favoritas: naciste en el Mediterráneo,
concretamente en las Arenas, y le diste gracias a la vida, porque te ha dado
mucho.
Yo
también le doy gracias por lo que hemos compartido juntos, también por lo que
me has dejado en ese inventario emocional personal. Me gustaría ponerte al día, en estos días que cumples años. No te podrías
imaginar lo que está sucediendo. Ya sé lo que tú dirías: “seguir adelante”, es
lo que estamos haciendo. Llevamos 45 días sin salir, sólo para lo
imprescindible: ir al súper, farmacia y poco más. Me hubiera gustado ser más
romántica y decirte que llevamos 19 días y 500 noches y he de decir que a veces
me parecen 500 noches. Como te decía, estamos en casa por una pandemia y las
personas mayores como tú, como yo, hemos pasado a ser gente vulnerable, así que
nos quedamos en casa sin poder ver a los que más queremos. Es verdad que el
chocolate y el vino procuramos que no nos falte, los consideramos Míster D. y
yo botiquín de supervivencia.
Quién
iba a decir que en estos momentos mis mayores aventuras iban a suceder en el
despacho, a través de los libros, que mi casa iba a estar más limpia que la de
Mary Poppins, que el chocolate y el vino iban a estar en mi vida todos los
días, que la cita de las 21 h para hablar con mis hijos iba a ser lo mejor del
día, igual que la cita diaria con Eugeni al que agradezco sus vídeos que han
puesto un poco de humor a esta situación tan triste. Todo esto está sucediendo
y me pregunto si es realidad o ficción.
Te
acuerdas cuando la mamá nos decía: antes de comer lavaos las manos, mientras
coméis no os toquéis la cara. Eran palabras cotidianas; pues bien, hoy nuestra
madre estaría contenta, mil veces nos lavamos las manos y mil veces pienso en
no tocarme la cara, aunque este punto me cuesta, todo para evitar el contagio. Parece
una escena sacada de una película de extraterrestres, tenemos un enemigo común
todo el mundo mundial, invisible, cuyo nombre es coronavirus. Eso de corona le
da un aire monárquico que personalmente no me gusta. Cientos, miles de hombres
y mujeres sentados ante un microscopio en busca de una vacuna para hacerle
frente. Salimos a la calle con mascarillas y a la vuelta a casa todo lo que ha
tenido contacto humano tiene que pasar por un túnel de desinfección. Tenemos
que guardar las distancias, sí, sí, las distancias, al menos dos metros y de
abrazos y besos nada de nada.
Si
me preguntaras cómo me va te diría aquello que tantas veces me decías tú a mi
cuando te lo preguntaba: bien, si no entramos en detalles.
Y
llegará el verano y mi cerebro habrá generado mecanismos de defensa para hacer
frente a esos pensamientos que a veces me desbordan.
¡Quién
lo iba a decir. Cuídense!
P.D.
Ordenando fotos me aparece esta que me hizo y dedicó Angelito.
Fragmento de la película de Woody Allen "Si la cosa funciona" anticipando algunas medidas sanitarias:
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


