sábado, 28 de marzo de 2015
Locura
Hoy mi
artículo va dirigido a esas chicas con cierta dosis de locura, con mucho
sentido del humor y amistad y que se dislocan a la hora de vestirse. Porque,
por si todavía no se lo he dicho, va dirigido a chicas de 40, 50…, sí, a esas
chicas que ya están en el epicentro de la catástrofe y en las que las hormonas
juegan con su cuerpo a su antojo. Esas chicas que cuando salen de noche y se
pasan con el gin-tonic, se desinhiben y hablan como si estuvieran sometidas a
un tercer grado sin parar de hablar. Luego, llega el camarero de la casa y
pregunta “¿un licorcito de la casa?”, y ven las caras de sus compañeros, míster
D, míster J... censurándolas, que les dicen “alguien tiene que conducir”. Al
final acaban siendo adictos a la coca cola.
Digo todo
esto para que se sitúen en ese lado cómico-loco. Y vuelvo a mis chicas de edad
avanzada, la locura de mis amigas me encanta, te dicen lo que piensan con
dulzura, no para hacerte daño sino para ayudarte, se les nota quién no les
gusta, no pierden las buenas formas pero intentan no perder el tiempo en
sentimientos que ni ellas mismas se creen. Te dan un abrazo sin más, mil besos,
te guardan cajas sin saber para qué las quieres aunque en el interior piensen
que tienes el síndrome Diógenes, bailan, te llaman para tomar una cerveza en la
playa, te cuentas secretos, lloran por cualquier cosa, te guardan el mejor
trozo de pastel, comparten tus tonterías, tus sueños, siguen haciendo nuevos
proyectos. Cuando llega el verano no pertenecen a esa asociación del pareo para
ocultar los michelines, al contrario, orgullosas de los suyos, de sus arrugas y
cicatrices aunque, por supuesto, obsesionadas por la salud.
Déjense
querer por un loco o una loca. Su sentido de la amistad es genial y tiene dos
características: lealtad y sentido del humor. Con humor suavizan todas aquellas
aristas que en la vida diaria se van procesando, cuando se enfadan siempre hay
una claudicación porque tienen muy claros sus sentimientos de lealtad, y algo
tan simple como ponerse en la piel del otro, te quieren si más, si no fuera así
mucho me temo que tendrían alma de
Cruella de Vil.
Ahora, lo
mejor es la libertad que tienen a la
hora de vestir, suelen pasar bastante de tendencias y, que conste, que algunas
se lo pueden permitir económicamente. La mayoría, con la edad, han cambiado de
estilo, ahora estarían entre el siglo XVIII (encajes, puntillas, bordados,
estilo Annie Hall), sin venir a cuento se ponen sombreros canotier, estilo
Indiana Jones, pañuelos en la cabeza, todo con mucho colorido, eso sí, siempre
fieles a los vaqueros, a los zapatos rojos y a esos bolsos grandes estilo Mary
Poppins, con más años que Tutankamon. Ya han dejado atrás los colores neutros,
vestidos negros (básicos en cualquier fondo de armario). Abrir el armario de
algunas de ellas era lo más parecido a un tanatorio. Hoy, a pesar de los
cambios, siguen conservando su estilo pues les sale de dentro; el único punto
al que siguen siendo fieles es que eligen prendas cómodas.
No
piensen en personajes de papel, tienen nombre y las conozco. No se preocupen,
algún día se las presentaré, seguro que también querrían ser cómplices de sus
locuras.
sábado, 7 de marzo de 2015
2 x 1 euro
Estoy
leyendo: “Las cartas de amor de Joe Dimaggio y Arthur Miller a una de las
estrellas más grandes que ha tenido el cine, Marilyn Monroe, fueron subastadas…”
Después de leer este artículo me viene a la cabeza la palabra vulnerable y el recuerdo de la visita, año tras año, a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Al recorrer los puestos siento como si el tiempo se hubiera detenido en épocas pasadas. Una simple etiqueta blanca con los bordes azules me recuerda el papel azul con el que se forraban los libros de texto y, les contaré un secreto, me recuerda aquel día que tuve la feliz idea de forrar mis libros de historietas de azul y ponerles por fuera las etiquetas de Ciencias, Matemáticas, etc. La cosa funcionó hasta que mi madre, sorprendida porque repentinamente tuviera tanto interés por el estudio, descubrió el invento que duró poco, me descubrieron pronto.
Después de leer este artículo me viene a la cabeza la palabra vulnerable y el recuerdo de la visita, año tras año, a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Al recorrer los puestos siento como si el tiempo se hubiera detenido en épocas pasadas. Una simple etiqueta blanca con los bordes azules me recuerda el papel azul con el que se forraban los libros de texto y, les contaré un secreto, me recuerda aquel día que tuve la feliz idea de forrar mis libros de historietas de azul y ponerles por fuera las etiquetas de Ciencias, Matemáticas, etc. La cosa funcionó hasta que mi madre, sorprendida porque repentinamente tuviera tanto interés por el estudio, descubrió el invento que duró poco, me descubrieron pronto.
Durante la
visita a la Feria de este año empecé a mirar unas tarjetas antiguas, con muchas
flores, ya lo saben, muy vintage (¿lo dudaban?) y entre ellas había una foto en
blanco y negro con cierto color amarillento por el paso del tiempo. La foto era
de un señor de unos treinta y tantos años, con traje de pana, pelo engominado
muy peinado y con una dedicatoria a su chica fechada el 26 de mayo de 1958.
Enseguida pensé dónde estaría ahora su chica, o él y por qué la foto había ido
a parar olvidada a una caja con el rótulo de 2 x 1 euro.
Supongo que
los descendientes de Marilyn necesitarían dinero porque, las cartas de amor y
los sentimientos, ¿se venden? De ahí la palabra vulnerable, nada es perdurable
sólo los recuerdos y, a veces, tengo mis dudas. Me consuela pensar que las
fotos y los recuerdos se las quedarán los hijos, las familias, los amigos y
amigas y, espero, no pasarán a un stand con el rótulo 2 x 1 euro.
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