Me apropio de su propuesta y la
transmito a mi trastienda, dado que estas son fechas de preparación de buenas
viandas, para lo que vuelvo a echar mano de mis personajes de papel, esos que a
veces vuelven a la vida y con los que, digamos que se establece un camino entre
los sentimientos y los recuerdos que, de una manera silenciosa, me ayudan.
Malos recuerdos tengo algunos, pero
el paso del tiempo los convierte en tan sólo tristes situaciones. Con la edad,
mi memoria se hace selectiva e intento no dejarme llevar por la tristeza,
apartando los recuerdos más desagradables; al menos, no me regodeo en esos
recuerdos ya que estas fechas son el marco propicio para la nostalgia, para
acordarse de los seres queridos ausentes, y hay que tener un cierto cuidado.
Mis buenos recuerdos están asociados
a mis más queridos y entrañables personajes: mi tía y mi madre, las dos con ese
aire elegante y bastante irónico a veces. Me ubico en el horno del barrio, una
semana antes de Navidad, y las veo a las dos elaborando dulces que después
íbamos a compartir con la familia y amigos. En aquel horno, entre harina, tazas
de café y alguna que otra mistela para acompañar, íbamos probando los dulces
mientras las conversaciones giraban alrededor de la elaboración de recetas
especiales. Luego, nuestras caderas daban fe de los resultados. 

Aquellas recetas tenían algo de
magia: se decían conjuros y siempre estaban pendientes del momento que
atravesaba la luna. Una amiga de mi madre, cuando asaba calabaza, rezaba un Ave
María porque así aseguraba que saldría dulce. Yo, por mi parte, no puedo
separar el erotismo de la comida, y no veo razón para hacerlo. En la comida hay
mucho de sensualidad, mucho de humor y, desde luego, mucho amor y algo de
improvisación, sino es así seguro que se
fracasa. Me contaba mi suegra que después de preparar la masa de pan la
tapaban o la abrigaban, para que subiera, con unos pantalones de hombre. Tengo
que reconocer, y espero que mi suegra no se enfade, que algo de erotismo puede
ser que tuviera pero también algo de superstición; pero, bueno, si la cosa funciona
para qué cambiarla.
Por cierto, he recopilado las recetas
de mi familia, por si mi memoria me juega una mala pasada, en unas libretas
estilo retro para regalar en las navidades pasadas a mis hijos y con una nota
en las que les recordaba lo difusos que son los límites entre el apetito y el
amor.
Al fin, buenos recuerdos me trae
cualquier receta elaborada por mis familias, la valenciana y la murciana, y
agradezco la suerte inmensa de haberlas probado, compartido y de tener a quien
abrazar.
Cuando llegan estas fechas no deseo
dejarme llevar por la nostalgia pero tampoco que en mi memoria anide el olvido.
No quiero, por tanto, dejar de expresaros mis mejores deseos para el año 2014,
también mucha salud y que la vida sea amable y benévola.
Gracias a todos los que visitáis mi
trastienda. Nos vemos en 2014.
¡Feliz Navidad!

Eso me parece genial, curiornte la semana pasada fui a casa de mi madre a realizar yo sólo, pero con su sombra junto a mi, la tarta que ahora denominan de la abuela en los bares, para mi es simplemente la tarta de chico de mi madre y simplemente deliciosa... Te mando un besazo para toda tu familia y uno con ruido para ti,,, espeto que disfrutéis estas fechas,, Muak desde Murcia...
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