domingo, 15 de diciembre de 2013

Buenas viandas

Me comentaba un amigo que, en su escuela y aprovechando la cercanía a la Navidad, había propuesto como trabajo que le trajeran una receta típica de estas fechas asociada a un recuerdo, bueno o malo.
Me apropio de su propuesta y la transmito a mi trastienda, dado que estas son fechas de preparación de buenas viandas, para lo que vuelvo a echar mano de mis personajes de papel, esos que a veces vuelven a la vida y con los que, digamos que se establece un camino entre los sentimientos y los recuerdos que, de una manera silenciosa, me ayudan.
Malos recuerdos tengo algunos, pero el paso del tiempo los convierte en tan sólo tristes situaciones. Con la edad, mi memoria se hace selectiva e intento no dejarme llevar por la tristeza, apartando los recuerdos más desagradables; al menos, no me regodeo en esos recuerdos ya que estas fechas son el marco propicio para la nostalgia, para acordarse de los seres queridos ausentes, y hay que tener un cierto cuidado.
Mis buenos recuerdos están asociados a mis más queridos y entrañables personajes: mi tía y mi madre, las dos con ese aire elegante y bastante irónico a veces. Me ubico en el horno del barrio, una semana antes de Navidad, y las veo a las dos elaborando dulces que después íbamos a compartir con la familia y amigos. En aquel horno, entre harina, tazas de café y alguna que otra mistela para acompañar, íbamos probando los dulces mientras las conversaciones giraban alrededor de la elaboración de recetas especiales. Luego, nuestras caderas daban fe de los resultados.
Aquellas recetas tenían algo de magia: se decían conjuros y siempre estaban pendientes del momento que atravesaba la luna. Una amiga de mi madre, cuando asaba calabaza, rezaba un Ave María porque así aseguraba que saldría dulce. Yo, por mi parte, no puedo separar el erotismo de la comida, y no veo razón para hacerlo. En la comida hay mucho de sensualidad, mucho de humor y, desde luego, mucho amor y algo de improvisación, sino es así seguro que se  fracasa. Me contaba mi suegra que después de preparar la masa de pan la tapaban o la abrigaban, para que subiera, con unos pantalones de hombre. Tengo que reconocer, y espero que mi suegra no se enfade, que algo de erotismo puede ser que tuviera pero también algo de superstición; pero, bueno, si la cosa funciona para qué cambiarla.
Por cierto, he recopilado las recetas de mi familia, por si mi memoria me juega una mala pasada, en unas libretas estilo retro para regalar en las navidades pasadas a mis hijos y con una nota en las que les recordaba lo difusos que son los límites entre el apetito y el amor.
Al fin, buenos recuerdos me trae cualquier receta elaborada por mis familias, la valenciana y la murciana, y agradezco la suerte inmensa de haberlas probado, compartido y de tener a quien abrazar.

Cuando llegan estas fechas no deseo dejarme llevar por la nostalgia pero tampoco que en mi memoria anide el olvido. No quiero, por tanto, dejar de expresaros mis mejores deseos para el año 2014, también mucha salud y que la vida sea amable y benévola.
Gracias a todos los que visitáis mi trastienda. Nos vemos en 2014.

¡Feliz Navidad!



1 comentario:

  1. Eso me parece genial, curiornte la semana pasada fui a casa de mi madre a realizar yo sólo, pero con su sombra junto a mi, la tarta que ahora denominan de la abuela en los bares, para mi es simplemente la tarta de chico de mi madre y simplemente deliciosa... Te mando un besazo para toda tu familia y uno con ruido para ti,,, espeto que disfrutéis estas fechas,, Muak desde Murcia...

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