domingo, 13 de mayo de 2018
Viajes
Vengo de un
viaje del IMSERSO, mi segundo viaje. En este viaje han surgido anécdotas
cabreantes; esperen, les diré que me he divertido y mucho, ya saben seguidores
de la trastienda que mi vida ha pegado un giro de 180 grados, esto me gusta
pero a veces ese personaje que llevo dentro, ya saben, mi Felipe, hace que me
asuste y me entren neuras.
Pero en este
viaje ha habido algo que me inquieta porque sucede en muchas ocasiones, cada vez más. Supongo
que estaría ahí, pero yo no lo percibía, primero porque en mi trabajo estaba
rodeada de gente joven o simplemente porque me veía tal cual, una persona, no
una mujer mayor, y era tratada como tal, no por la edad. O también puede ser
que tenga la suerte de que en mi mundo, la gente que me rodea, trata siempre de
superarse y de sacar la mejor versión de sí misma. He trabajado con gente de
diversidad funcional y mi trato con ellos ha sido de tú a tú, con normalidad,
igual que ellos hacia mí. Veamos, eso es lo normal, no hay ningún mérito en
ello. ¡Cómo los echo de menos!
Les cuento este
detalle porque yo veo personas y no establezco jerarquías. Como les decía, en
este viaje, vaya por delante que ha sido genial, algunas de las azafatas de la
organización del viaje nos hablaban como imbéciles o como minusválidos,
repitiendo mil veces las cosas como si no entendiéramos nada, con unas caras
amargadas y un tono insultante. En mi anterior viaje del IMSERSO esto no
sucedió.
Siempre que
hablo de estos viajes, en alguna gente veo sus caras y a continuación oigo la
frase “está lleno de viejos”, dicha de forma despectiva. Pues bien viejo, mayor,
tercera edad, supongo que hay más palabras que ahora no se me ocurren para
definirnos. Y a mí me parece perfecto llegar a mayor, es el camino de la vida, aunque
a veces dé miedo porque nos quedan menos años de los que hemos vivido.
Por esta razón y
otras más no consiento que me traten, que se nos trate, como imbéciles, tenemos
nuestros achaques como cualquiera o quizás más ¿Y qué? Está claro que la edad
acompaña. En este viaje había una gran diversidad de gentes, algunos incluso
con muletas, que a mí me pareció genial por su gran superación a las
dificultades y su capacidad de disfrutar con sus parejas. Esas personas mayores
que estaban ahí habían tenido una profesión, incluso a lo mejor en sus trabajos
tendrían una actitud colectiva y posiblemente positiva que empujaría a mejorar
sus trabajos y llevarlos alegremente.
Somos personas
mayores, no imbéciles, y aunque así fuera nos merecemos respeto. Comentario de
un camarero a su compañero: “Yo creía que los viejos cenaban un yogurt y luego
se iban a la cama”. Escuché esto y Míster D. vio mi cara y me dijo, “tranquila,
no pasa nada”, aunque le hubiera dicho al camarero: “Bueno, si la oferta de la
cama es buena igual…” ¡Cómo me cabreo y como admiro la tranquilidad de Míster
D.!
Para mí estos
viajes me llevan a situaciones nuevas lo que es un aprendizaje genial en todos
los aspectos, se conocen lugares y gente genial, te obliga a desenvolverte en
espacios diferentes y, por otra parte, en general, la organización siempre funciona.
Está claro que nos enfrentamos a una etapa nueva, cerramos capítulos de nuestra
vida, abrimos otros y como cualquier
persona, en nuestro caso quizá un poco más, está claro que añadimos un desgaste
físico y también intelectual, pero seguimos adelante intentando vivir nuestro
presente, con esas pagas austeras, intentando no desgastarnos con el pasado y
mirando siempre hacia adelante.
Supongo que es
por salud mental y amor a una misma. Sentir que la vida con amor va mejor, amor
a los libros, amor a nuestro entorno, ¡vaya, amor a la vida misma!, alargar las
conversaciones como he dicho, en otras ocasiones, llevar mi perfume y mi
pintalabios siempre en el bolso y que no me falte, pues en la letra pequeña se
llama optimismo, me miro al espejo y claro no soy la misma físicamente pero soy
yo. Bueno últimamente en mí veo a mi madre, me veo como a mis compañeros de
viaje, mayor, y solo pido que se me trate como una persona, que cuando se me
explican las cosas todavía las entiendo. Nos merecemos respeto, oye, y algo de cariño.
Me miro al espejo y siento igual que cuando era joven, la misma ilusión, los
mismos personajes de Mafalda siguen estando conmigo. Aunque ese espejo en que
me miro a veces resulta demasiado revelador y me coloca en una dimensión que no
siempre me gusta. Supongo que a Angelito tampoco.
P.D. Somos personas, igual que esas adolescentes que vuelven a su casa a las tantas, no buscan nada, han salido y quieren volver a su casa intactas, sin cruzarse con ningún impresentable que les perturbe sus vidas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
