jueves, 20 de diciembre de 2018
Coraje
Que sí, que ya tenemos la Navidad
aquí. Reconozco que este año no estoy muy motivada a pesar de que me siguen
gustando estas fechas, pero me pilla con algo de flojera mental y emocional.
Pero, poco a poco, iré
sincronizando con el tema y lo mejor es que estaré con mi familia. Por supuesto,
seguiré con mis felicitaciones, con mis ramilletes y demás tontunas, además de
agradecer a la vida. Lo dejamos en este punto.
Quería hablaros de un programa de
debate político en la tele, estaban criticando a M. Carmena, Alcaldesa de
Madrid, por el cambio de tráfico en el centro de dicha localidad. Uno de los
contertulios, a pesar de que no era de su cuerda política, valoró positivamente
el cambio y, dado que faltan pocos meses para las elecciones municipales, lo calificó
como un acto de coraje de la alcaldesa.
Me quedé con esa palabra, coraje:
valor en las decisiones, apasionamiento para enfrentarse a cualquier dificultad…
Y empecé a recordar a personas
anónimas y de mi entorno que tuvieron coraje.
Recordé a una clienta de mi madre
cuando iba a la tienda los sábados a pagar la compra de la semana, y así cada
sábado. Trabajaba limpiando casas, tenía 3 hijos y cada sábado venía con un moratón
nuevo en su cuerpo y, por supuesto, recuerdo mi tristeza al no comprender nada.
Un día pagó su deuda de cada sábado y no hizo ninguna compra. A la semana
siguiente supimos que se fue con sus hijos, empezando de nuevo en otra ciudad,
dejando atrás todo, incluyendo al impresentable de su pareja.
A aquella amiga de mi barrio, que
no recuerdo su nombre pero sí su fisonomía. Tenía la piel muy morena y cuerpo
frágil. Estudió psicología y al terminar la carrera comprendió que no era lo
suyo y volvió a empezar a estudiar repostería, hoy es una gran repostera sin
trabajo fijo pero con toda la ilusión de abrir su propia pastelería.
A las personas que dejaron una
situación acomodada para cambiar de rumbo porque el que tenían no les hacía
felices. Supongo que además de coraje es atrevimiento.
A ese grupo de mujeres que luchan
contra la violencia y el sexismo, y revindican espacios solidarios para mujeres
y hombres.
A esas gentes con jubilaciones de
mierda que, a pesar de su espacio precario y austero, todavía por estas fechas
regalan a sus nietos, aunque tengan que reducir en sus costumbres cotidianas.
A Pedro, con mil problemas de
salud y que en su paseo diario se encuentra un perro en un contenedor de basura
y decide quedárselo a pesar de…
Me gusta esa gente que ha tomado
decisiones y sigue adelante sin melodramas, sin exageraciones. Eso sí, con
mucho coraje, mucho amor y muchas ganas de cambiar sus vidas, pues era evidente
que la que tenían no les satisfacía.
Ya les he dicho que no iba a
hablar de la Navidad aunque, por supuesto, les deseo que disfruten de este mes.
Personalmente me sigue gustando la Navidad y todo lo que contiene, aunque este
año, como ya he comentado, no esté tan motivada, pero siempre hay algo bonito y
como digo siempre en plan cursilón, mientras
haya amor la cosa funciona.
¡Nos vemos, cuídense!
lunes, 8 de octubre de 2018
Detalles cotidianos
Hace un tiempo
acompañé a una amiga al hospital porque le hacían unas pruebas nada agradables.
Mientras esperábamos me hablaba de esas pequeñas cosas cotidianas que hacen que
la vida se lleve mejor. Además, recordarlo resultaba gratificante para ella y
para la espera, y a mí compartirlo con ella también pues olvido pronto esos
detalles y me paso rápido al lado renegón.
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| Foto: A.M.C. |
Y así, mientras
esperábamos a sus pruebas ella era feliz recordando esas pequeñas cosas
cotidianas que, en el día a día, se nos pasan desapercibidas.
Me hizo prometer
que pondría esas pequeñas cosas cotidianas en mi blog.
Así pues allá
voy.
- El olor del
café y el pan recién tostado.
- Abrir un grifo
y tener agua a tu disposición.
- El olor de la
ropa recién lavada.
- El olor de los
saquitos de lavanda guardados en los cajones.
- Los emoticonos
que te envían las amigas (recordándote que sigues en sus vidas).
- Abrir tu
armario y tener donde elegir.
- Poder ver
amaneceres.
- Estar de bajonera
y que tu perro te busque para mimarte.
- Que tus hijos
sean independientes.
- Que pases
caminando y alguien a tu lado te sonría.
- Que tu vecina
te enseñe a hacer pan.
- Que tu vecina
que apenas tiene poder adquisitivo te invite a su mejor comida.
- Abrir la caja
de las fotos y ponerse a mirar acompañada de un buen tazón de chocolate.
- Releer libros.
- Bañarte en la
playa.
- Mirar a la
persona que más quieres y volverte a enamorar de ella o de él.
- Ver películas en
blanco y negro que has visto mil veces pero te encantan.
- Encontrarte 20
euros en un pantalón olvidado.
- Que tus amigas
cuando te ven histérica te hagan pasar a otra historia.
- Sentir las
estaciones.
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| Foto: A.M.C. |
Con las prisas
olvidamos los pequeños placeres, nos engañamos con grandes argumentos que a
veces son pura fantasía.
Escribiendo en
mi blog lo que le prometí a mi amiga podría seguir con más pero esta es la
lista que hicimos mi amiga y yo. Lo demás se lo dejo a ustedes que seguro que tienen
más cosas que añadir.
En cuanto a Angelito
no sé nada de él pero me gusta pensar que un día fue uno de mis amigos (aunque
seguiremos en su busca).
PD. Como tenía mucho miedo le dije lo mucho que la quería pues, como leí una vez no sé dónde, si ves algo hermoso en una persona díselo.
viernes, 14 de septiembre de 2018
Septiembre
“Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si
hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con
aquellas que no me procuraron ninguna fortuna”.
Esta frase de Antoine de Saint-Exupéry y otra de la
novela Orgullo y prejuicio, que pondré
más adelante, me acompañan como el catecismo de mi niñez que repetíamos en
nuestras memorias sin apenas comprender, pero que salían con fluidez como una
cotorra que repite continuas frases.
Suelo hacer balance de mis recuerdos
mayormente en Septiembre, para mí es el mes de la nostalgia, de las primeras
pinceladas del otoño, casi como el comienzo de un nuevo año, aunque
sinceramente he de decir que nunca me gustó, hasta que me reconcilié con él al
nacer mi hija un 2 de octubre. Como dice la canción del Dúo Dinámico, “el final del verano llegó a su fin” y, sin querer,
se mezclan los recuerdos de mi vida pasada con las nuevas etapas que siempre
tengo en proyecto. Así es como siento septiembre.
Entre mis recuerdos siempre están
presentes mis padres, mi tío y mi abuela. Y los que no tuve el placer de conocer
están en las narraciones que mis padres contaban y que guardo con mucho recelo. De todo eso me
vienen pequeños fragmentos: las salidas a la calle para jugar, las meriendas de
mi abuela, el sonido de fondo de la radio y el perfume “Maderas de Oriente” de
mi madre, perfume penetrante y fuerte como lo era ella, y muchas cosas más.
Este verano, que realmente para mí
empezó en primavera, ha sido de aprendizaje, de sorpresa con determinadas
personas y de conocer gente nueva, yo diría que original, de permitirme pequeños
fogonazos de felicidad, muchos helados (véanse los kilos), copas y mucha
agitación nocturna (entiéndase charlas y mucho rumikub) y de fondo siempre el
mar, los baños y la música, jazz y pasodobles.
Para ustedes mis recuerdos son
personajes de papel, que yo al escribir convierto en vivos estableciendo un
camino entre los sentimientos y los recuerdos. Supongo que con el tiempo mis
recuerdos irán adquiriendo una cierta incoherencia y desorden.
La frase de Orgullo y prejuicio que citaba antes y que siempre me acompaña en la
toma de decisiones, de las que este año he tenido que tomar más de una que han
cambiado mi vida, la dice uno de los personajes de la novela, Elizabeth "Lizzy" Bennet:
“Solo estoy dispuesta a obrar de modo que conduzca a mi felicidad,
según mi propia opinión, sin tener en cuenta la de usted ni la de ninguna otra
persona tan completamente ajena a mí”.
Me llama una amiga, y me dice que
este año tenemos que aprender Swing con nuestras parejas. Y mi mente piensa en Míster
D. ¿Bailar con él? Imposible, es más fácil subir al Cerro con tacones. Ya les
digo que él presume que es de la generación de barra y charla, que se enteren
mis lectores, Míster D no baila, ya lo sé no es el fin del mundo. Aunque guardo
un vídeo grabado por mis amigas las viajeras en Ibiza bailando, que por cierto
lo hace genial, y creo que lo voy a utilizar para presionar.
Mi hermano, al que le encantan
las preguntitas estilo mindfulness,
me mandó un watshap con esta pregunta que aprovecho desde aquí para contestarle,
aunque a mí estas cosas no me van.
Pregunta: ¿Qué te viene a la
mente cuando oyes la palabra éxito?
Mi éxito es seguir viviendo y
conciliarme con las decisiones que tome en cada momento, querer y que me
quieran, poder pagar las facturas y por supuesto ver a mis hijos felices.
Y como siempre la misma pregunta
me ronda por la cabeza al finalizar el post.
¿Seguirá siendo fiel Angelito a
la vida urbana y a su gran amor Marilyn Monroe?
viernes, 22 de junio de 2018
A veces
No sé de qué va
esto que llamamos vida, a veces cansa, a veces hiere, a veces da miedo y a
veces gusta.
A veces me
gustaría parecerme a mi madre en cuanto a su positivismo
A veces también
en lo bien que bailaba y cómo marcaba el ritmo, incluido el de su vida.
A veces me
invade una nostalgia heredada de mi padre que lo entristecía igual que ahora a mí.
A veces presumo
de lo buena repostera que soy, sólo a veces, cuando me vengo arriba.
A veces intento
comprender a esas personas aparentes de buen hacer y de buen físico que esconden
un submundo violento tanto físico como moral.
A veces me
convierto en una persona fuerte y agradecida.
A veces bailo en
la cocina.
A veces me
cabreo mucho por no ganar al “Rummikub”.
A veces me
fascina mi perra Tula, está muy mayor y le da pereza pasear pero siempre está a
mi lado con bajonera y sin ella.
A veces la vida
me da más de lo que yo hubiera soñado, incluyendo depciones y demás tontunas.
A veces me gusta
adornar las tartas y mis cajas, también mi vida con cursilerías múltiples,
A veces tengo vértigos,
cuando se incorporan a mi cuerpo pierdo la orientación y, por supuesto, el
norte.
A veces se me
van.
A veces con la
edad descubres que eres la misma persona de juventud pero el cuerpo no.
A veces y
siempre llevo pintalabios rojo.
A veces mi mayor
ambición es la tranquilidad y el sentido común.
A veces me gusta
el mar, ya lo dice Serrat, nací en el Mediterráneo.
A veces leo
hasta el amanecer.
A veces me
comería el pastel de chocolate, todo para mí.
A veces soy
amable aunque mi cara me delata.
A veces me gusta
estar sola para reponer energía.
A veces y
siempre me gustan mis hijos, ella por su espontaneidad, él por lo contrario.
A veces dicen
que el amor es lo mejor, al mío no le pongo calificativo.
A veces pongo
boleros, como hoy para escribir en mi trastienda.
A veces y
siempre a mis lectores les deseo feliz verano.
A veces pienso
en Angelito, ¿con quién compartirá su tiempo?
domingo, 13 de mayo de 2018
Viajes
Vengo de un
viaje del IMSERSO, mi segundo viaje. En este viaje han surgido anécdotas
cabreantes; esperen, les diré que me he divertido y mucho, ya saben seguidores
de la trastienda que mi vida ha pegado un giro de 180 grados, esto me gusta
pero a veces ese personaje que llevo dentro, ya saben, mi Felipe, hace que me
asuste y me entren neuras.
Pero en este
viaje ha habido algo que me inquieta porque sucede en muchas ocasiones, cada vez más. Supongo
que estaría ahí, pero yo no lo percibía, primero porque en mi trabajo estaba
rodeada de gente joven o simplemente porque me veía tal cual, una persona, no
una mujer mayor, y era tratada como tal, no por la edad. O también puede ser
que tenga la suerte de que en mi mundo, la gente que me rodea, trata siempre de
superarse y de sacar la mejor versión de sí misma. He trabajado con gente de
diversidad funcional y mi trato con ellos ha sido de tú a tú, con normalidad,
igual que ellos hacia mí. Veamos, eso es lo normal, no hay ningún mérito en
ello. ¡Cómo los echo de menos!
Les cuento este
detalle porque yo veo personas y no establezco jerarquías. Como les decía, en
este viaje, vaya por delante que ha sido genial, algunas de las azafatas de la
organización del viaje nos hablaban como imbéciles o como minusválidos,
repitiendo mil veces las cosas como si no entendiéramos nada, con unas caras
amargadas y un tono insultante. En mi anterior viaje del IMSERSO esto no
sucedió.
Siempre que
hablo de estos viajes, en alguna gente veo sus caras y a continuación oigo la
frase “está lleno de viejos”, dicha de forma despectiva. Pues bien viejo, mayor,
tercera edad, supongo que hay más palabras que ahora no se me ocurren para
definirnos. Y a mí me parece perfecto llegar a mayor, es el camino de la vida, aunque
a veces dé miedo porque nos quedan menos años de los que hemos vivido.
Por esta razón y
otras más no consiento que me traten, que se nos trate, como imbéciles, tenemos
nuestros achaques como cualquiera o quizás más ¿Y qué? Está claro que la edad
acompaña. En este viaje había una gran diversidad de gentes, algunos incluso
con muletas, que a mí me pareció genial por su gran superación a las
dificultades y su capacidad de disfrutar con sus parejas. Esas personas mayores
que estaban ahí habían tenido una profesión, incluso a lo mejor en sus trabajos
tendrían una actitud colectiva y posiblemente positiva que empujaría a mejorar
sus trabajos y llevarlos alegremente.
Somos personas
mayores, no imbéciles, y aunque así fuera nos merecemos respeto. Comentario de
un camarero a su compañero: “Yo creía que los viejos cenaban un yogurt y luego
se iban a la cama”. Escuché esto y Míster D. vio mi cara y me dijo, “tranquila,
no pasa nada”, aunque le hubiera dicho al camarero: “Bueno, si la oferta de la
cama es buena igual…” ¡Cómo me cabreo y como admiro la tranquilidad de Míster
D.!
Para mí estos
viajes me llevan a situaciones nuevas lo que es un aprendizaje genial en todos
los aspectos, se conocen lugares y gente genial, te obliga a desenvolverte en
espacios diferentes y, por otra parte, en general, la organización siempre funciona.
Está claro que nos enfrentamos a una etapa nueva, cerramos capítulos de nuestra
vida, abrimos otros y como cualquier
persona, en nuestro caso quizá un poco más, está claro que añadimos un desgaste
físico y también intelectual, pero seguimos adelante intentando vivir nuestro
presente, con esas pagas austeras, intentando no desgastarnos con el pasado y
mirando siempre hacia adelante.
Supongo que es
por salud mental y amor a una misma. Sentir que la vida con amor va mejor, amor
a los libros, amor a nuestro entorno, ¡vaya, amor a la vida misma!, alargar las
conversaciones como he dicho, en otras ocasiones, llevar mi perfume y mi
pintalabios siempre en el bolso y que no me falte, pues en la letra pequeña se
llama optimismo, me miro al espejo y claro no soy la misma físicamente pero soy
yo. Bueno últimamente en mí veo a mi madre, me veo como a mis compañeros de
viaje, mayor, y solo pido que se me trate como una persona, que cuando se me
explican las cosas todavía las entiendo. Nos merecemos respeto, oye, y algo de cariño.
Me miro al espejo y siento igual que cuando era joven, la misma ilusión, los
mismos personajes de Mafalda siguen estando conmigo. Aunque ese espejo en que
me miro a veces resulta demasiado revelador y me coloca en una dimensión que no
siempre me gusta. Supongo que a Angelito tampoco.
P.D. Somos personas, igual que esas adolescentes que vuelven a su casa a las tantas, no buscan nada, han salido y quieren volver a su casa intactas, sin cruzarse con ningún impresentable que les perturbe sus vidas.
jueves, 15 de marzo de 2018
La ventana indiscreta
Les diré que me
gusta muchísimo el cine, últimamente el cine francés de Jean Becker, del que posiblemente
diríamos que es un cine meloso. Les comento algunos títulos de este director:
La fortuna de vivir, Conversaciones con mi jardinero, Mis tardes con
Margueritte… Cine clásico y también en una palabra, el cine.
En el barrio
donde yo viví parte de mi adolescencia había varios cines. Cine Merp, Imperial,
Lírico, Musical, Leones; posiblemente me deje alguno, ustedes disculpen pues mi
memoria es austera. Me gustaba por las tertulias que se hacían al terminar la sesión.
Les diré que mi primera cita con Míster D. fue en marzo y con la película Roma,
ciudad abierta, del director R. Rossellini. También me casé en marzo; está
claro que el mes de marzo es especial para mí. Incluso aunque me enfade con Míster
D. siempre será especial aunque ahora añado también octubre y abril.
Bueno volvamos
al cine. Para los que nos gusta el cine, la ruta empezaba por la mañana del
domingo al recorrer con la pandilla los cuatro o cinco cines del barrio para
elegir película, luego aperitivo en Ramonet (ensaladilla, calamares, hueva…),
todo lo apuntaba en su pequeña pizarra, incluyendo la cuenta. Y por la tarde sesión
de cine con el previo tedio del Nodo, las inauguraciones de pantanos y la pesca
del Sr. Paco. El cine siempre ha sido para mí una fábrica de sueños, de
imaginación, de abrazos en la oscuridad, de amores perdidos y encontrados, de
viajes imaginarios. Era el lugar donde muchas familias pasaban las tardes de
los domingos, pantalla gigante Cinemascope.
Han pasado
muchos años de aquellas historias y allí quedan en mi memoria austera. Me sigue
gustando el cine, las amistades de antes y las de ahora, sigo con mis
encuentros, con mis decepciones, confiando, desconfiando, queriendo,
abandonando para volver a empezar, pero todavía vibrando con el cine, volviendo
a enamorarme (en mi caso del mismo hombre), de los mismos aperitivos. ¡Qué le
vamos hacer, así de aburrida soy! El cine tiene fantasía, verdad e imaginación,
incluso respuestas; por eso y más cosas me gusta. En realidad no quería hablar
del cine pero ya me conocen empiezo con un tema y acabo como quieran mis
hormonas cerebrales.
El otro día,
comentando con un grupo de amigas, hacíamos una valoración de las redes
sociales y nos llamaba la atención, sobre todo, la falta de discreción de estas
redes, también sus fotos cursis, aunque en este último punto me identifico ya
que, ya lo saben, lo “cursi” es lo mío, que si fotos con desayunos molones, que
si vestidos bonitos, etc. Sobre la falta de discreción, cada cual que haga lo
que quiera pero no se equivoquen, todas estas redes sociales son como la vida misma.
Además de lo anterior, también se puede recibir información de eventos
interesantes, conocer gente encantadora, incluso me he vuelto a encontrar con
parte de mis amigos de juventud; por cierto, Angelito no aparece. En las redes
sociales guardo con recelo mi intimidad, no se equivoquen, como cualquier
persona que se precie y quiera a su familia y amigos, quiero decir con esto que
quien es un maleducado y no tenga los códigos de lealtad claros lo es también en
las redes sociales y en el día a día. Luego están, los que yo llamo, los de la
ventana indiscreta, que no participan pero tienen Fb, instagram y otras redes
sociales, creando perfiles incluso a veces falsos solo para cotillear de los
demás sin aportar nada y, en ocasiones, criticando a estas mismas redes
sociales.
Por cierto,
volviendo al cine hay una escena en La ventana indiscreta del director A. Hitchcock
en la que Grace Kelly llega con su neceser bonito del que saca un camisón súper
glamuroso. Toda la vida persiguiendo esa escena con Míster D. y nada, aquí la
menda con su mochila y sus pijamas, incluyendo peucos, eso no es glamour.
Así pues como ya
comenté una vez en mi trastienda, chica despide a chico desde la ventanilla del
tren mientras les envolvía una nebulosa de vapores y el tren arrancaba
lentamente. Nos vemos.
PD. Entre esas pandillas amantes del cine también estaba Angelito
lunes, 12 de febrero de 2018
Sabiduría imperfecta
Mi amiga Miss Gl dice que estamos
en la edad de la sabiduría y yo, bueno, no lo tengo tan claro, pero que
intentamos seguir adelante con esos achaques vertiginosos y demás condimentos,
eso sí. Cuando ella habla de sabiduría se refiere a no tener miedo a nada, solo
al miedo, esa edad en la que cuando no estamos a gusto o algo nos agobia
intentamos con elegancia pedir la cuenta e irnos con rapidez, cuando habla de
sabiduría se refiere a esa libertad de aguantar solo lo que nosotras decidimos.
Estamos en esa edad en la que nos agobia la rutina corrosiva (lo sé, como a
todo el mundo), es una edad extraña, de
cambios, por ejemplo, siempre me han gustado los grises y los camel, el blanco,
por supuesto el rosa, ya saben muy Doris, pero de vez en cuando tanto mis
amigas como la menda nos ponemos unos colores imperfectos que acaban siendo la
perfección del momento. Es como si nuestra mente se desvaneciera y son nuestras
hormonas las que dictan de forma deliberada nuestras elecciones.
Somos señoras educadas y
encantadoras con la gente que nos gusta y, aunque no se lo crean, nos gusta
pasar inadvertidas, tenemos un punto de locura como ya comenté en una trastienda
anterior, aunque ese punto de locura nuestras parejas a veces no lo entiendan. Nos
gusta profundizar en cualquier tema, hablo de mis amigas, no saquen conclusiones
con lo que escribo, ya saben que a mí me encanta lo cursi. Lo que sí tenemos en
común es nuestra lealtad y nuestra amistad, no solemos salir en chándal, en
cierto modo somos coquetas, también somos grandes lectoras y el vino, sea el
que sea, en copa.
Otra cosa les cuento, desde
siempre me ha gustado sentarme en la estación de tren de Vlc (que sin
despreciar las demás me parece una de las más bonitas) y me gusta sentarme a leer,
aunque les diré que lo de llevar el libro es postureo, ya que enseguida me
distraigo pues me gusta más observar y cotillear, charlar, ver pasar a la gente
y montarme mi historia, estilo Forrest Gump.
Pues bien, en una de esas tantas
historias observé a una pareja de unos treinta y tantos años muy pendientes de sus
respectivos móviles, cuando los dos los dejaron, por cierto muy coordinados,
dejar sus móviles a la vez iniciaron la conversación de sus incontinencias intestinales
¿Esto será amor? Siempre he criticado el enganche al móvil cuando estamos con
gente, ahora bien si las conversaciones van a ser de incontinencia intestinal y
verbales sin filtrar lo que se dice, tiene razón mi amiga Gl, posiblemente los
sesenta sea la edad de la sabiduría, la edad de querer sin condimentos, la edad
en la que nos importa un bledo estar solas, si no hay nada mejor claro, la edad
de la imperfección, la edad del desorden ordenado, la edad de evitar tensiones,
la edad de embellecer la vida en la medida que se pueda, de dejar el
victimismo, la edad que no hay que gastarse un pastón para ir perfectas ¡Viva
los outlets!
Este artículo además de cursilono tiene una
parte de esnobismo, hay amigos que a los sesenta empiezan a ser como mi playa
favorita, a veces el agua está en calma y otras veces tiene pequeñas corrientes
subterráneas. Mis amigas no sé si serán sabias pero son perfectas imperfectas.
PD. Sr. Anónimo usted cree que si encontramos a Angelito nos reconocería?
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