Decirles que falta muy poco para la Navidad sería falso, pues realmente
la navidad consumista empezó hace tiempo en las grandes superficies: venta de
turrón, el viernes negro el lunes informático, etc. y, para colmo, gente
felicitando el día de acción de gracias.
Les diré que a mí personalmente la Navidad me encanta desde siempre, a
pesar del anuncio que todos esperamos y que este año me parece improcedente. Mi
Navidad empieza con un paseo por el monte para preparar ramilletes silvestres,
luego las felicitaciones a la antigua usanza con buenos deseos para la gente
que quieres. Pero, sin querer, también mi memoria me lleva a recuerdos que, si
no tienes cuidado, te traen pensamientos melancólicos. Algunas de mis Navidades
anteriores las recuerdo con mucho cariño y nada tristes; incluso hay
situaciones en algunas que me hacen sonreír, como aquellas Nochebuenas en las
que, al terminar la cena en familia y después de un poco de tertulia, mi
hermano se levantaba para irse a la misa de gallo, por supuesto con su pandilla,
y en ese momento mi padre le decía llévate a tu hermana (la cara de póker de mi
hermano era todo un poema) y me llevaba pero renegando todo el trayecto porque
la diferencia de edad era importante, yo 16 años y él 22. Aunque reconozco que
se le pasaba pronto.
No tengo memoria para las fechas, posiblemente también para otras cosas,
pero recuerdo ese día 20 de diciembre del año 1969 (mejor no les comento mi
edad, cuestión de coquetería).Por donde yo vivía había un ultramarinos, como en
otros muchos barrios en esa época (por cierto, así se llamaba antes a esas
tiendas en las que había de todo). En este caso lo llevaba una pareja y me
acuerdo especialmente del membrillo que elaboraba la dueña y era buenísimo. La
tienda se traspasó y no supimos más de ellos hasta que un día, por fechas
navideñas, llamaron a mi puerta y al abrir me encontré con el señor del
ultramarinos que iba bastante mal vestido, con ropa muy desgastada y que se
dedicaba al oficio de afilador. Era de estatura media, con ojos castaños,
expresión triste y las manos con manchas oscuras, hasta entonces la palabra
melancolía no tenía sentido para mí. Me preguntó si teníamos algo para afilar y
comida, mi madre le preparó bocadillos y una caja con fruta, verdura y una manta.
Las dos lo reconocimos pero fue nuestro secreto compartido.
¿Por qué les cuento esta historia?, porque me recuerda la suerte, la
fatalidad, dependemos de una cuerda floja que se puede romper en cualquier
momento, como sucede en el final de la película de Woody Allen, Match Point, la
pelota puede caer a un lado u otro de una red de tenis y ese lado te puede
cambiar la vida. Muchas veces es una cuestión de suerte o simple azar.
¡Feliz Navidad para ustedes!

Me gusta como cuenta las historias, tanto la de la misa de gallo -¿cuando fue la última vez que Vd. o su hermano fue a la misa del gallo?- y la del señor del ultramarinos -en los últimos años, ¿ha llamado al timbre de su casa algún pobre?-.
ResponderEliminarMis Navidades casi siempre han sido familiares. Mientras vivieron mis padres con ellos y mis numerosos hermanos y sobrino (llegamos a juntarnos más de 25 personas), en ellas siempre había mucha comida, mucho alcohol y tabaco y muchas risas... al fallecer mis padres las Navidades siguieron siendo familiares pero ya muy limitadas en número número, en alcohol y en tabaco y menos risas y follón.
Aunque vengo de una tradición católica por parte de mi madre nunca fuimos a la misa del gallo.
Ahora, una vez al mes, suelo acercarme a una iglesia de Nazaret y participar en la misa junto a 8 o 10 feligreses, ya muy mayores y generalmente mujeres. Misas muy diferentes a las que yo asistía tanto cuando era boy scout como a las que participe con el cura Vizcarra.
Ahora un poema de Roberto Juarroz
Miro un árbol
Tu miras lejos cualquier cosa
Pero yo sé que si no mirara este árbol
tu lo mirarías por mi
y tu sabes que si no miraras lo que miras
yo lo miraría por tí
Ya no basta
mirar cada uno con el otro,
Hemos logrado
que si uno de los dos falta,
el otro mire
lo que uno tendría que mirar.
Sólo necesitamos ahora
fundir una mirada que mire por los dos
lo que ambos deberíamos mirar
cuando no estemos ya en ninguna parte.
P.D. Sigo sin localizar al inolvidable Angel LLorens, más conocido como Angelito
Ayer noche volvimos a ver los últimos 20 minutos de la preciosa película "Los Puentes de Madison". Previamente habíamos hecho el amor gozosamente. ¿Nos ayudó la ginebra con Fanta de Naranja, el canuto y la música de Navajita Platea? posiblemente, pero estoy convencido que fue el amor y el deseo de dos cuerpos que se quieren lo que primo. Ya sabes, si hay amor, el sexo no es puro ni impuro, es simplemente sexo".
ResponderEliminarY ahora vayamos a las frases de la película:
"No quiero necesitarte porque no puedo tenerte"
"Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido"
Esta mañana he leído algunos de los deseos de gente para el próximo año:
"Mis lujos son y serán no tener prisa y no estar al día"
Rafael Reig
"He aprendido que el lujo más asiático, el más fabuloso es volver a lo sencillo, a lo elemental. A lo que está al alcance de todos pero pocos vemos porque siempre estamos oteando y escudriñando a lo lejos y, sobre todo, más alto"
Carmen Posadas
Por eso me alegro de que me guste leer...
"Y siempre, siempre, la alegría de leer, que es tanto como recuperar a cada instante el gusto de vivir"
Luís Landero.
Pues eso, que gracias, muchas gracias por sus palabras y un amplio abrazo y reparte besos, todos alegre y esperanzados.
P.D. Salude a Angelito si lo ve.
Bien...Cierro el libro, escucho "Omega", de Morente y Lagartija Nick, mi memoria se llena de agradecimiento..."estas horas que muestran esa necesidad de la gente de refugiarse en los buenos sentimientos, de probar de vez en cuando la consistencia de los afectos" (José Mateos).
ResponderEliminarPues eso, que el año le vaya bonito a la propietaria de esta entrañable trastienda y a todos sus lectores.