lunes, 19 de septiembre de 2016

Cambios

El formato de verano se terminó y empezamos el nuevo curso con ilusión, sabiendo que posiblemente habrá cambios, todavía no sé qué clase de cambios, pero así lo presiento.
De momento, introduzco algunos cambios en mi trastienda, espero que os gusten. En alguna sección espero vuestra colaboración, con alguna frase que os guste, alguna receta de cocina que contenga una historia en vuestras vidas.
Aunque todavía siento en mi cabeza pequeños detalles del veraneo no es así y, por supuesto, Míster D. me lo recuerda, “no apures tanto a la hora de levantarte que se hace tarde”, claro él es un jubilado. Siento envidia cuando suena el despertador y él se queda durmiendo plácidamente, qué ganas me entran de hacer ruido para despertarlo pero me reprimo, aunque quién sabe, igual un día me levanto algo torcida y me pongo a cantar así, a lolailo lailo, como jugando al despiste.
Por mucho que quiera retener el tiempo de las vacaciones, atrás quedan las siestas interminables, atrás las tertulias y comilonas, atrás los baños en la playa y sólo me quedan los recuerdos de mi verano. Espero que el verano de ustedes haya estado a la altura que se merecen.
Para terminar les diré que tras las vacaciones y para el correcto funcionamiento de mi mente me he propuesto las siguientes cinco cosas:
1. Empezar el curso (septiembre) con nuevos proyectos.
2. Mantener mis sentimientos de autoestima lo mejor posible.
3. Saber agradecer y ser agradecida.
4. Tener la capacidad de seguir disfrutando de los pequeños instantes agradables con que nos obsequia la vida (que no es poco).
5. Y por supuesto, ¿no echan algo de menos?… ¿Hay amor?

3 comentarios:

  1. Me sigo alegrando de volverla a encontrar, con esa forma de escribir tan natural
    (un escritor desconocido para mí, José Antonio Garriga Vela, parece ser que escribió: “Los escritores oyen el silencio, descubren lo invisible y después lo cuentan”). Aunque también hay que estar atento a esos otros que como decía Daiel Zaid, citado por Javier Cercas: “El gran problema cultural de nuestro tiempo no lo provoca la gente que no sabe leer ni escribir sino la que no quiere leer y no para de escribir”.

    Me gustan las citas, en algunas me reconozco, otras son el resumen de una de las actividades que dedico tiempo de una forma diaria y desde hace años: la lectura.

    Bien. ¿Por dónde continuar o empezar?. En primer lugar dándole las gracias.

    Estos últimos meses han sido un poco ajetreados: viaje a Cuba con mi mujer, mis hijos y parejas (difícil resumir el viaje, digamos que fue perfecto por la armonía del grupo, por los casi nulos conflictos, porque de los seis hubo cinco que disfrutaron mucho (el sexto, es decir yo, llevaba una excesiva mochila, incluidas excesivas lecturas sobre Cuba, que le volvió a ratificar el fracaso total, sin paliativos, independientemente del embargo, del comunismo –esto hizo que llorase, un lloro breve, comedido en dos ocasiones y que recibiese el abrazo cálido, enternecedor y piadoso de mi hija). Claro es fácil emitir estos comentarios desde una mirada del primer mundo, diría más de uno… En fin.

    Luego mes y medio en la playa de Almarda, que recomiendo a los posibles lectores y oyentes de esta entrañable trastienda

    Más tarde volvimos hacer ocho días (ya llevamos haciéndolo 10 años) el camino de Santiago
    (este año repetimos el tramo Burgos-León). Nos gusta hacerlo. Hacía ocho años que no habíamos hecho este tramo. Algo había cambiado en mi o en este país. Un tramo mesetario, con núcleos de población de menos de 200 habitantes, pero con nuevas casas enormes, con mucho mármol y dorado, con buen parque automovilístico (BMW, Audis, todo terrenos...)

    Como final del verano cuatro días en un balneario de Orense.




    Me sigo alegrando de volverla a encontrar, con esa forma de escribir tan natural
    (un escritor desconocido para mí, José Antonio Garriga Vela, parece ser que escribió: “Los escritores oyen el silencio, descubren lo invisible y después lo cuentan”). Aunque también hay que estar atento a esos otros que como decía Daiel Zaid, citado por Javier Cercas: “El gran problema cultural de nuestro tiempo no lo provoca la gente que no sabe leer ni escribir sino la que no quiere leer y no para de escribir”.

    Me gustan las citas, en algunas me reconozco, otras son el resumen de una de las actividades que dedico tiempo de una forma diaria y desde hace años: la lectura.

    Bien. ¿Por dónde continuar o empezar?. En primer lugar dándole las gracias.

    Estos últimos meses han sido un poco ajetreados: viaje a Cuba con mi mujer, mis hijos y parejas (difícil resumir el viaje, digamos que fue perfecto por la armonía del grupo, por los casi nulos conflictos, porque de los seis hubo cinco que disfrutaron mucho (el sexto, es decir yo, llevaba una excesiva mochila, incluidas excesivas lecturas sobre Cuba, que le volvió a ratificar el fracaso total, sin paliativos, independientemente del embargo, del comunismo –esto hizo que llorase, un lloro breve, comedido en dos ocasiones y que recibiese el abrazo cálido, enternecedor y piadoso de mi hija). Claro es fácil emitir estos comentarios desde una mirada del primer mundo, diría más de uno… En fin.

    Luego mes y medio en la playa de Almarda, que recomiendo a los posibles lectores y oyentes de esta entrañable trastienda

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  2. Llevo tres semanas sin ver ningún telediario (antes veía dos diariamente) y no leo la prensa a lo largo de la semana. Creo que me va bien. No sé si podré mantener por mucho tiempo esta disciplina. En este contexto leí un libro de un tipo que tenía aspecto de telepredicador, Pico Iyer, “El arte de la quietud. La aventura de no ir a ninguna parte”, que decía algunas cosas que me resultaron interesantes: “Y cuanto mayor es el número de datos que llegan a nuestra mente, menos tiempo tenemos para procesar cualquiera de ellos”.
    Siento que en los telediarios, en la prensa hay mucho ruido que dificulta, cuando no impide, escuchar el sonido del alma (en el caso que uno tenga esa cosa intangible y misteriosa como es el alma)

    Como cada estación y desde hace muchos años, trato de localizar a Angel Llorens, casi siempre conocido por Angelito.

    El otro día, haciendo zapping, vi una película de Robert Redfor y Helen Mirren, “La sombra de un secuestro”, casi la salve por una nota que R.R dejó a su mujer: “Si me quieres tengo todo lo que necesito”.

    También me gustó unos versos de Angela Vallvey: “Si tú te hayas en él, ya puedo amar un mundo como este”.
    Y continúo con citas, versos de mujeres, en este caso de Clarivel Alegría:
    DESASOSIEGO. Un latido inexpresable/que no encuentra/escape.

    TESTAMENTO.
    A mis hijos
    les dejo una escalera
    tambaleante
    inconclusa.
    Tiene peldaños rotos
    otros están podridos
    y más de alguno
    entero.
    Repárenla
    elévenla
    suban por ella
    suban
    hasta alcanzar la luz


    Y no te arrepientas de decirle a tus hijos, como dijo Jhon Fante al suyo: “Haz algo, aunque sea cruzarte de brazos”.

    Bueno querida, que acabes bien el día o que el día no acabe contigo.

    Y que la vida os vaya bonita a ti y al Sr. Domingo.

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  3. Hola,desde luego ha tenido un estupendo veraneo,de lo cuál me alegró mucho.
    Dice que "cuanto mayor es el número de datos que llegan a nuestra mente,menos tiempo tenemos para procesar cualquira de ellos".Estoy de acuerdo con usted,y ya en 1970,Alvin Toffler acuño la expresión "sobrecarga informativa" refiriendose al hecho de disponer de demasiada información.Más recientemente Alfons Cornella en 1996,creó el término "infoxicación",unión de palabras información e intoxicación, y lo define como esa sobrecarga de información que,al no poder abarcarla ni gestionarla,genera una gran incertidumbre.
    Como siempre gracias por todo, y que tenga suerte en la busqueda de Angelito.

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