sábado, 28 de mayo de 2016

Junio

Buenos días mi lector Anónimo: agradezco sus comentarios, faltaría más, no seré nada modesta, cómo no me va a gustar si sube “mi ego” y ya me veo como escritora, una de esas extravagantes que tiene en la puerta de su casa una placa dorada, “Escritora del Canyamelar”. No se asusten, es puro sarcasmo, no quiero darle a Míster D. y a Míster J.S. pie para sus peculiares críticas. Añado también que sus comentarios le dan mucho glamour a mi trastienda, como diría Boris Izaguirre, así que vuelvo a darle las gracias mi lector Anónimo.
Foto: F.M.
Volviendo al principio, le diré que me siento bien escribiendo, cocinando y pintando mis cajas (desde aquí agradezco a mis compañeras que me las guarden con la misma ansia que yo las recibo). Como ya comenté en uno de mis blogs, mi lista de neuras se tranquiliza y me ahorro sesiones con el psicólogo. Le diré que realmente mi trastienda quería que fuera un blog de cocina, sobre todo de postres, ni siquiera sé cómo mis articulillos terminaron con temas muy rosa como diría Míster D. Pero me siento igual de bien, como cuando realizo un postre o estoy con mi familia y amigos compartiendo charla, copa y abrazos; tengo claro que mi trastienda es muy yo misma, además la gente que se molesta en leerme me consta que es gente encantadora, lo sé, lo presiento, igual un antropólogo con subvención me daría un por qué,  aunque qué más da, como dice usted, quizá sea mi mejor herencia la palabra. En palabras de Ángel González: “La palabra fue dicha para siempre. / Para todos, también. / Yo la recojo, / la elijo entre otras muchas, / la empaño con mi aliento  / y la lanzo, / pájaro o piedra, / de nuevo al aire, / al sol,...”
Mis hijos seguro que dicen, déjate de pamplinas y déjanos una herencia, que la situación no está para tontunas. Como dice el cardenal Cañizares, la familia está destruida por el Imperio gay y el feminismo y, aunque está claro que estos comentarios superan la realidad más cotidiana, miren por dónde estoy de acuerdo en una cosa, la familia como tal está fatal por esa fe destructora y corrosiva que representa el cardenal. No se ofendan, que me consta que entre los cristianos hay gente muy especial, pero no es el caso, además la falta de recursos por la mala gestión del gobierno, hace que el personal no tenga trabajos dignos y, por consiguiente, ni vivienda, ni disposición a la educación, ni sanidad….Y sin eso no se puede formar una familia me da igual, chico chica, chico, chico, etc… ¡Ay, Cardenal Cañizares, el imperio contraataca! ¡Cuánta fantasía desperdiciada! ¡Olé la antropología!, es la carrera que tenía que haber estudiado, seguro que me sacaría de muchas dudas.
Como siempre, me enrollo más de la cuenta, por eso, mi lector Anónimo, creo que me gusta escribir, entre otras cosas porque “nadie me interrumpe”, como dice usted.
Por cierto, no siempre contemplo mi vida con alegría, tengo fases como todo el mundo, pero tengo a mi alrededor gente encantadora y eso siempre ayuda. En mi blog todos los personajes son protagonistas porque le dan color a mi estancia, hoy ha sido a usted que le he dedicado mi blog y me ha facilitado el tema del mes. Quiero que sepa que Junio es un mes que me encanta, es cuando empezó mi blog hace 3 años, es el mes de abrir ventanas, llenar el patio de farolillos de colores, el jazmín está en pleno apogeo, es el mes de pedir un deseo en S. Juan, en mi caso en la playa de las Arenas o en la Malvarrosa o en el pueblo (qué más da) y pedir buenos deseos.
Siento que le reclamen de otras tierras, pero no se preocupe, le dejo que descanse pero sólo dos meses puesto que la trastienda por estas fechas se toma un respiro pero, repito, sólo dos meses, nos volvemos a ver en septiembre. Creo que leo su pensamiento y  que considera que soy una tacaña porque escribo poco pero, ¡ay Sr. Anónimo, apenas tengo tiempo de maquillarme!
Les doy las gracias y mi agradecimiento a todos/as aquellos/as que me leen y espero que nunca les falte Amor, lo sé con eso no pagamos las facturas pero te da energía positiva… Me despido con las palabras de su hija dedicándoselas a mis lectores.
“Qué grande ha sido disfrutar del mundo junto a vosotros, os declaro hoy mi amor eterno hacia cada una de vuestras miradas, hacia los rostros que nos nombran, hacia las risas y las diferencias, pues ha sido inmenso estar juntos”.
¡¡¡FELIZ VERANO Y CUIDENSE!!!

Foto: Antonio Monfort Contell
Foto: Antonio Monfort Contell

viernes, 13 de mayo de 2016

Charlas con...

Charlar con Míster D. hablando de temas nostálgicos me resulta un poco raro puesto que él es bastante pragmático y, la verdad, es que, como él dice, esto de hablar del  pasado encierra cierta incertidumbre pues jugamos con la memoria caprichosa, los olvidos y el recuerdo de ciertos fragmentos imaginarios. Así que enseguida volvemos a nuestra propia realidad cotidiana, que es posiblemente la más cercana y segura.
Foto: Mateo Martínez Monfort
 Volviendo al principio, mi querido Míster D. me comentaba ¿te acuerdas de cuando nos vinimos a vivir al pueblo? Por supuesto, le dije, era un mes de agosto, lo recuerdo por el calor y porque me costaba dormir con tanto silencio, acostumbrada a los ruidos de los coches y de la ciudad.  Además, los muebles de aquella primera casa alquilada eran muy siniestros y oscuros y por la noche convertían la habitación en el escenario de cualquier película de A. Hitchcock, y eso que a mí me gusta lo vintage pero… Hasta echaba de menos el mar. Míster D. me mira pensativo y me dice:
- No, si encima tendré yo la culpa, ya sabes que las decisiones siempre han sido cosa de dos en nuestro caso.
- Por supuesto que sí pero tus elementos de convencimiento fueron más coherentes. Y que conste que aquí la menda lo intentó: que si los grandes almacenes están más cerca, que si pasas más desapercibida, ya sabes, en una capital pones un elefante en medio de una calle y nadie se inmuta. Que conste que ahora eso me horroriza.
Y aquí estoy, en un pueblo y encantada de formar parte de él. Los comienzos fueron mejor para Míster D. (su capacidad de adaptación es increíble), no pasó lo mismo conmigo. Si me hubiera visto la dueña de la casa donde habitamos durante un tiempo cómo hacía la simple maniobra de encender la chimenea, se hubiera arrepentido de alquilarla a la urbanita de turno. Dejé la casa cual barbacoa humeante, al estilo Georgie Dann. Pero tranquilos, lectores de la trastienda, ya lo tengo controlado.
Vivir en un pueblo tiene muchas más ventajas que inconvenientes, que también los hay. Les comento algunas ventajas, por supuesto personales, y cada cual tendrá las suyas.
Si tienes que hacer gestiones de papeleo todo es más asequible y hasta posiblemente más amable. Conoces a quien tienes delante, y eso te salva de posibles conflictos. Sales sola y siempre te encuentras con alguien para charlar, en cierto modo es nuestro guasap campestre-rural. Los niños llegada cierta edad temprana pueden ir solos a la escuela. Los tiempos se valoran más lentamente, la vida y la muerte están más cercanas y eso hace que pisemos con mayor fuerza el suelo. De verbenas, farolillos y sus dulces y paisajes hablaremos otro día.
Eh!, ya saben que todo no es tan idílico pero a veces se acerca.
Para mí lo peor son esas murmuraciones del corrillo vecinal allí en el fondo del callejón con sus interpretaciones erróneas. Y el transporte público, por sus austeros horarios.
Foto: F. M. C.
Ordenando acontecimientos, no sé cuál será mi futuro, supongo que ustedes tampoco lo saben pero una cosa tengo clara, en este pueblo tengo gente muy especial y querida y me sería difícil no compartir con ellas y ellos sonidos, silencios y la copa del viernes solucionando nuestro mundo de la periferia.