Hace poco estuve invitada en casa de una amiga que estrenaba nueva
situación sentimental. Mi amiga llevaba un vestido negro sin adornos de más, un
simple broche en forma de libélula haciendo honor a “menos es más”. En aquella
velada había bastante gente con profesiones liberales y, digamos, con nivel
intelectual considerable (que no siempre va unido). En esa velada apenas
intercambiamos dialogo estábamos más en la labor de la comida. En eso apareció
una mujer alta, pelo corto, aspecto frívolo a la vez que entrañable que le daba
a la velada un cierto color. Intentó iniciar un tema tomando como hilo
conductor el argumento de su escritor favorito. El resto se consideraron
expertos en la materia y se cargaron de manera imperativa la conversación que se
fue al carajo produciéndose un silencio que al final se convirtió en monólogos
sucesivos.
No sé lo que pensarán ustedes, pero cuando tenemos la ocasión de poder
establecer una conversación supongo que es suficiente hablar con rigor y
coherencia de un tema. Si hablamos de medicina parece ser que tenemos que ser
médicos, si hablamos de azulejos tenemos que ser albañiles, etc. Quiero decir
con esto que los amantes de las tertulias, en una simple velada lo tenemos muy mal
por el vicio de algunos/as en exhibir los conocimientos de su especialidad con
el único fin de convertir la charla en un monólogo. Así pues, una persona mayor
no se atreverá a hablar en una reunión de jóvenes y al revés. Hablamos de
veladas y no de reuniones de trabajo.

Hola
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