miércoles, 2 de marzo de 2016

Velada

Sinceramente echo de menos el dialogo, la conversación, el contraste de opiniones, hasta una cierta dosis de lealtad en cuanto se empieza una conversación. Cuando callejeo por la capital, cosa que me encanta, cada vez veo más gente pegada/o a su wasap, sin apenas hablar con el de al lado ni siquiera mirar su propia taza de café; añoro las tertulias, la simple y llana conversación. Sí, lo sé, ya empiezo con mis milongas callejeras, seguramente ustedes tendrán razón, pero no del todo, no se vayan a pensar, que con eso de que ya les tengo confianza…

Hace poco estuve invitada en casa de una amiga que estrenaba nueva situación sentimental. Mi amiga llevaba un vestido negro sin adornos de más, un simple broche en forma de libélula haciendo honor a “menos es más”. En aquella velada había bastante gente con profesiones liberales y, digamos, con nivel intelectual considerable (que no siempre va unido). En esa velada apenas intercambiamos dialogo estábamos más en la labor de la comida. En eso apareció una mujer alta, pelo corto, aspecto frívolo a la vez que entrañable que le daba a la velada un cierto color. Intentó iniciar un tema tomando como hilo conductor el argumento de su escritor favorito. El resto se consideraron expertos en la materia y se cargaron de manera imperativa la conversación que se fue al carajo produciéndose un silencio que al final se convirtió en monólogos sucesivos.
No sé lo que pensarán ustedes, pero cuando tenemos la ocasión de poder establecer una conversación supongo que es suficiente hablar con rigor y coherencia de un tema. Si hablamos de medicina parece ser que tenemos que ser médicos, si hablamos de azulejos tenemos que ser albañiles, etc. Quiero decir con esto que los amantes de las tertulias, en una simple velada lo tenemos muy mal por el vicio de algunos/as en exhibir los conocimientos de su especialidad con el único fin de convertir la charla en un monólogo. Así pues, una persona mayor no se atreverá a hablar en una reunión de jóvenes y al revés. Hablamos de veladas y no de reuniones de trabajo.

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