domingo, 20 de marzo de 2016
Woman
El otro día fui a una exposición de pintura, Woman Pop Art, bueno asistí
al café y las copas ya que por razones de trabajo llegué tarde; pero fui y
estuve con las artistas y su profesora. Esta última, nada más sentarme, me fijé
que llevaba una camiseta con la foto de Audrey Hepburn y ya con eso me tiene en
el bote.
Como os decía, estuve con ellas y me sentí muy bien. Y pensé en mi
compañero Míster Parker, que siempre me habla de lobos (por cierto, historias
muy interesantes) y de la gente friki. Y ustedes dirán ¿y esto a qué viene?,
aquí la menda ya se anda por las ramas de Paquito Pla. El diccionario describe
friki como raro, extravagante, pintoresco, persona que practica desmesurada y
obsesivamente una afición. Mi compañero para resumir describe a la gente friki como
los que hacen de lo cotidiano algo genial.
¡¡¡VIVA LA GENTE FRIKI!!!
Recordé, de cuando estudiaba, a algunos de los profesores de los que
llamaríamos “normales” y me vino a la cabeza la pizarra, ese cuadro aburrido,
arriba, sin expresión, enfrente la mesa con sus sillas correspondientes siempre
en el mismo lugar alineadas correctamente una detrás de la otra, monotonía tras
más monotonía y la voz a lo lejos: hoy toca la página 14 del apartado… No
quiero que se ofendan, de algunos de esos profesores guardo un buen recuerdo y
mucha gratitud, pero de otros…
Pues bien Andrada posiblemente tú también perteneces a la gente friki que hizo una exposición por
el día de la mujer trabajadora, original, agradable; y estando con las artistas
casi me entraron ganas de ponerme a pintar esa misma tarde cual posesa por la
sincera ilusión que le ponen y el entusiasmo y por un momento olvidé lo
cotidiano que puede ser un día nublado y frío a las 7 de la tarde y encima
martes.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Velada
Sinceramente echo de menos el dialogo, la conversación, el contraste de
opiniones, hasta una cierta dosis de lealtad en cuanto se empieza una conversación.
Cuando callejeo por la capital, cosa que me encanta, cada vez veo más gente
pegada/o a su wasap, sin apenas hablar con el de al lado ni siquiera mirar su
propia taza de café; añoro las tertulias, la simple y llana conversación. Sí,
lo sé, ya empiezo con mis milongas callejeras, seguramente ustedes tendrán
razón, pero no del todo, no se vayan a pensar, que con eso de que ya les tengo
confianza…
Hace poco estuve invitada en casa de una amiga que estrenaba nueva
situación sentimental. Mi amiga llevaba un vestido negro sin adornos de más, un
simple broche en forma de libélula haciendo honor a “menos es más”. En aquella
velada había bastante gente con profesiones liberales y, digamos, con nivel
intelectual considerable (que no siempre va unido). En esa velada apenas
intercambiamos dialogo estábamos más en la labor de la comida. En eso apareció
una mujer alta, pelo corto, aspecto frívolo a la vez que entrañable que le daba
a la velada un cierto color. Intentó iniciar un tema tomando como hilo
conductor el argumento de su escritor favorito. El resto se consideraron
expertos en la materia y se cargaron de manera imperativa la conversación que se
fue al carajo produciéndose un silencio que al final se convirtió en monólogos
sucesivos.
No sé lo que pensarán ustedes, pero cuando tenemos la ocasión de poder
establecer una conversación supongo que es suficiente hablar con rigor y
coherencia de un tema. Si hablamos de medicina parece ser que tenemos que ser
médicos, si hablamos de azulejos tenemos que ser albañiles, etc. Quiero decir
con esto que los amantes de las tertulias, en una simple velada lo tenemos muy mal
por el vicio de algunos/as en exhibir los conocimientos de su especialidad con
el único fin de convertir la charla en un monólogo. Así pues, una persona mayor
no se atreverá a hablar en una reunión de jóvenes y al revés. Hablamos de
veladas y no de reuniones de trabajo.
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