miércoles, 14 de diciembre de 2016

En la cuerda floja

Decirles que falta muy poco para la Navidad sería falso, pues realmente la navidad consumista empezó hace tiempo en las grandes superficies: venta de turrón, el viernes negro el lunes informático, etc. y, para colmo, gente felicitando el día de acción de gracias.
Les diré que a mí personalmente la Navidad me encanta desde siempre, a pesar del anuncio que todos esperamos y que este año me parece improcedente. Mi Navidad empieza con un paseo por el monte para preparar ramilletes silvestres, luego las felicitaciones a la antigua usanza con buenos deseos para la gente que quieres. Pero, sin querer, también mi memoria me lleva a recuerdos que, si no tienes cuidado, te traen pensamientos melancólicos. Algunas de mis Navidades anteriores las recuerdo con mucho cariño y nada tristes; incluso hay situaciones en algunas que me hacen sonreír, como aquellas Nochebuenas en las que, al terminar la cena en familia y después de un poco de tertulia, mi hermano se levantaba para irse a la misa de gallo, por supuesto con su pandilla, y en ese momento mi padre le decía llévate a tu hermana (la cara de póker de mi hermano era todo un poema) y me llevaba pero renegando todo el trayecto porque la diferencia de edad era importante, yo 16 años y él 22. Aunque reconozco que se le pasaba pronto.
No tengo memoria para las fechas, posiblemente también para otras cosas, pero recuerdo ese día 20 de diciembre del año 1969 (mejor no les comento mi edad, cuestión de coquetería).Por donde yo vivía había un ultramarinos, como en otros muchos barrios en esa época (por cierto, así se llamaba antes a esas tiendas en las que había de todo). En este caso lo llevaba una pareja y me acuerdo especialmente del membrillo que elaboraba la dueña y era buenísimo. La tienda se traspasó y no supimos más de ellos hasta que un día, por fechas navideñas, llamaron a mi puerta y al abrir me encontré con el señor del ultramarinos que iba bastante mal vestido, con ropa muy desgastada y que se dedicaba al oficio de afilador. Era de estatura media, con ojos castaños, expresión triste y las manos con manchas oscuras, hasta entonces la palabra melancolía no tenía sentido para mí. Me preguntó si teníamos algo para afilar y comida, mi madre le preparó bocadillos y una caja con fruta, verdura y una manta. Las dos lo reconocimos pero fue nuestro secreto compartido.
¿Por qué les cuento esta historia?, porque me recuerda la suerte, la fatalidad, dependemos de una cuerda floja que se puede romper en cualquier momento, como sucede en el final de la película de Woody Allen, Match Point, la pelota puede caer a un lado u otro de una red de tenis y ese lado te puede cambiar la vida. Muchas veces es una cuestión de suerte o simple azar.
¡Feliz Navidad para ustedes!

sábado, 12 de noviembre de 2016

Gracias

Empezaré con las palabras del título de la canción de  J.M.Serrat “De vez en cuando la vida”; porque la vida, de vez en cuando, te da sorpresas, aunque fueran cosas que ya sabíamos que de un momento a otro iban a suceder. Y mientras esperas, sientes tristeza, te vienen recuerdos, silencios, a veces risas, algún guiño con míster D. y afrontas esos momentos con solidaridad, con mucha paciencia y más paciencia, pero con la tranquilidad de saber que llegó el momento por su mucha edad. Y eso te reconcilia y luego, poco a poco, te vas dando cuenta que todos estos sentimientos junto con la paciencia sirven de gran ayuda. Es un lado más de la vida y en esos momentos todo se concentra en esas cuatro paredes, esa ventana desde la que día tras día observas el exterior, esos ladrillos rojizos y en el soporte de arriba siempre dos palomas que parecían vigilar mi mirada de cotilla, a la derecha una finca de la que siempre a la misma hora una mujer sale con su taza (posiblemente con café) aunque qué más da, posiblemente tostadas, posiblemente ilusionada con sus pensamientos del comienzo del día, y siempre a la misma hora.
Esa habitación de la planta tercera, acompañando a Míster D. a que un familiar suyo despidiera este mundo y esperando y esperando, posiblemente en sus sueños ya no estaba con nosotros, quien sabe dónde ha elegido estar.
Son momentos de cansancio, de incertidumbre, solo roto por el sonido del wasap con mensajes de complicidad, también el sonido de alguna enfermera chillona. Y esa complicidad es la que deseo agradecer en el nombre de Míster D y mis hijos, y por supuesto también la menda. Complicidad que ha tenido mucha gente: la familia, mis sobrinas que siempre me sacan la mejor sonrisa,  nuestros amigos/as siempre atentos con la situación; a todos les agradezco su apoyo y su lealtad hacia mi familia y esa capacidad que tienen en tiempos de desconcierto de utilizar esas gafas especiales con cristal rosa.
Que suerte tienen mis hijos, Míster D. y la menda de tenerlos como amigos. Pero qué idiotez estoy diciendo, si forman parte de mi familia.¡¡¡GRACIAS!!
PD. Quiero agradecer a mi amiga la Correchera que coordinara el bando, y cómo no, a Edu, “el chiquillo” (es como lo llamamos cariñosamente en mi casa) por perder tiempo en su día libre para echar el bando.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Cambios

El formato de verano se terminó y empezamos el nuevo curso con ilusión, sabiendo que posiblemente habrá cambios, todavía no sé qué clase de cambios, pero así lo presiento.
De momento, introduzco algunos cambios en mi trastienda, espero que os gusten. En alguna sección espero vuestra colaboración, con alguna frase que os guste, alguna receta de cocina que contenga una historia en vuestras vidas.
Aunque todavía siento en mi cabeza pequeños detalles del veraneo no es así y, por supuesto, Míster D. me lo recuerda, “no apures tanto a la hora de levantarte que se hace tarde”, claro él es un jubilado. Siento envidia cuando suena el despertador y él se queda durmiendo plácidamente, qué ganas me entran de hacer ruido para despertarlo pero me reprimo, aunque quién sabe, igual un día me levanto algo torcida y me pongo a cantar así, a lolailo lailo, como jugando al despiste.
Por mucho que quiera retener el tiempo de las vacaciones, atrás quedan las siestas interminables, atrás las tertulias y comilonas, atrás los baños en la playa y sólo me quedan los recuerdos de mi verano. Espero que el verano de ustedes haya estado a la altura que se merecen.
Para terminar les diré que tras las vacaciones y para el correcto funcionamiento de mi mente me he propuesto las siguientes cinco cosas:
1. Empezar el curso (septiembre) con nuevos proyectos.
2. Mantener mis sentimientos de autoestima lo mejor posible.
3. Saber agradecer y ser agradecida.
4. Tener la capacidad de seguir disfrutando de los pequeños instantes agradables con que nos obsequia la vida (que no es poco).
5. Y por supuesto, ¿no echan algo de menos?… ¿Hay amor?

sábado, 28 de mayo de 2016

Junio

Buenos días mi lector Anónimo: agradezco sus comentarios, faltaría más, no seré nada modesta, cómo no me va a gustar si sube “mi ego” y ya me veo como escritora, una de esas extravagantes que tiene en la puerta de su casa una placa dorada, “Escritora del Canyamelar”. No se asusten, es puro sarcasmo, no quiero darle a Míster D. y a Míster J.S. pie para sus peculiares críticas. Añado también que sus comentarios le dan mucho glamour a mi trastienda, como diría Boris Izaguirre, así que vuelvo a darle las gracias mi lector Anónimo.
Foto: F.M.
Volviendo al principio, le diré que me siento bien escribiendo, cocinando y pintando mis cajas (desde aquí agradezco a mis compañeras que me las guarden con la misma ansia que yo las recibo). Como ya comenté en uno de mis blogs, mi lista de neuras se tranquiliza y me ahorro sesiones con el psicólogo. Le diré que realmente mi trastienda quería que fuera un blog de cocina, sobre todo de postres, ni siquiera sé cómo mis articulillos terminaron con temas muy rosa como diría Míster D. Pero me siento igual de bien, como cuando realizo un postre o estoy con mi familia y amigos compartiendo charla, copa y abrazos; tengo claro que mi trastienda es muy yo misma, además la gente que se molesta en leerme me consta que es gente encantadora, lo sé, lo presiento, igual un antropólogo con subvención me daría un por qué,  aunque qué más da, como dice usted, quizá sea mi mejor herencia la palabra. En palabras de Ángel González: “La palabra fue dicha para siempre. / Para todos, también. / Yo la recojo, / la elijo entre otras muchas, / la empaño con mi aliento  / y la lanzo, / pájaro o piedra, / de nuevo al aire, / al sol,...”
Mis hijos seguro que dicen, déjate de pamplinas y déjanos una herencia, que la situación no está para tontunas. Como dice el cardenal Cañizares, la familia está destruida por el Imperio gay y el feminismo y, aunque está claro que estos comentarios superan la realidad más cotidiana, miren por dónde estoy de acuerdo en una cosa, la familia como tal está fatal por esa fe destructora y corrosiva que representa el cardenal. No se ofendan, que me consta que entre los cristianos hay gente muy especial, pero no es el caso, además la falta de recursos por la mala gestión del gobierno, hace que el personal no tenga trabajos dignos y, por consiguiente, ni vivienda, ni disposición a la educación, ni sanidad….Y sin eso no se puede formar una familia me da igual, chico chica, chico, chico, etc… ¡Ay, Cardenal Cañizares, el imperio contraataca! ¡Cuánta fantasía desperdiciada! ¡Olé la antropología!, es la carrera que tenía que haber estudiado, seguro que me sacaría de muchas dudas.
Como siempre, me enrollo más de la cuenta, por eso, mi lector Anónimo, creo que me gusta escribir, entre otras cosas porque “nadie me interrumpe”, como dice usted.
Por cierto, no siempre contemplo mi vida con alegría, tengo fases como todo el mundo, pero tengo a mi alrededor gente encantadora y eso siempre ayuda. En mi blog todos los personajes son protagonistas porque le dan color a mi estancia, hoy ha sido a usted que le he dedicado mi blog y me ha facilitado el tema del mes. Quiero que sepa que Junio es un mes que me encanta, es cuando empezó mi blog hace 3 años, es el mes de abrir ventanas, llenar el patio de farolillos de colores, el jazmín está en pleno apogeo, es el mes de pedir un deseo en S. Juan, en mi caso en la playa de las Arenas o en la Malvarrosa o en el pueblo (qué más da) y pedir buenos deseos.
Siento que le reclamen de otras tierras, pero no se preocupe, le dejo que descanse pero sólo dos meses puesto que la trastienda por estas fechas se toma un respiro pero, repito, sólo dos meses, nos volvemos a ver en septiembre. Creo que leo su pensamiento y  que considera que soy una tacaña porque escribo poco pero, ¡ay Sr. Anónimo, apenas tengo tiempo de maquillarme!
Les doy las gracias y mi agradecimiento a todos/as aquellos/as que me leen y espero que nunca les falte Amor, lo sé con eso no pagamos las facturas pero te da energía positiva… Me despido con las palabras de su hija dedicándoselas a mis lectores.
“Qué grande ha sido disfrutar del mundo junto a vosotros, os declaro hoy mi amor eterno hacia cada una de vuestras miradas, hacia los rostros que nos nombran, hacia las risas y las diferencias, pues ha sido inmenso estar juntos”.
¡¡¡FELIZ VERANO Y CUIDENSE!!!

Foto: Antonio Monfort Contell
Foto: Antonio Monfort Contell

viernes, 13 de mayo de 2016

Charlas con...

Charlar con Míster D. hablando de temas nostálgicos me resulta un poco raro puesto que él es bastante pragmático y, la verdad, es que, como él dice, esto de hablar del  pasado encierra cierta incertidumbre pues jugamos con la memoria caprichosa, los olvidos y el recuerdo de ciertos fragmentos imaginarios. Así que enseguida volvemos a nuestra propia realidad cotidiana, que es posiblemente la más cercana y segura.
Foto: Mateo Martínez Monfort
 Volviendo al principio, mi querido Míster D. me comentaba ¿te acuerdas de cuando nos vinimos a vivir al pueblo? Por supuesto, le dije, era un mes de agosto, lo recuerdo por el calor y porque me costaba dormir con tanto silencio, acostumbrada a los ruidos de los coches y de la ciudad.  Además, los muebles de aquella primera casa alquilada eran muy siniestros y oscuros y por la noche convertían la habitación en el escenario de cualquier película de A. Hitchcock, y eso que a mí me gusta lo vintage pero… Hasta echaba de menos el mar. Míster D. me mira pensativo y me dice:
- No, si encima tendré yo la culpa, ya sabes que las decisiones siempre han sido cosa de dos en nuestro caso.
- Por supuesto que sí pero tus elementos de convencimiento fueron más coherentes. Y que conste que aquí la menda lo intentó: que si los grandes almacenes están más cerca, que si pasas más desapercibida, ya sabes, en una capital pones un elefante en medio de una calle y nadie se inmuta. Que conste que ahora eso me horroriza.
Y aquí estoy, en un pueblo y encantada de formar parte de él. Los comienzos fueron mejor para Míster D. (su capacidad de adaptación es increíble), no pasó lo mismo conmigo. Si me hubiera visto la dueña de la casa donde habitamos durante un tiempo cómo hacía la simple maniobra de encender la chimenea, se hubiera arrepentido de alquilarla a la urbanita de turno. Dejé la casa cual barbacoa humeante, al estilo Georgie Dann. Pero tranquilos, lectores de la trastienda, ya lo tengo controlado.
Vivir en un pueblo tiene muchas más ventajas que inconvenientes, que también los hay. Les comento algunas ventajas, por supuesto personales, y cada cual tendrá las suyas.
Si tienes que hacer gestiones de papeleo todo es más asequible y hasta posiblemente más amable. Conoces a quien tienes delante, y eso te salva de posibles conflictos. Sales sola y siempre te encuentras con alguien para charlar, en cierto modo es nuestro guasap campestre-rural. Los niños llegada cierta edad temprana pueden ir solos a la escuela. Los tiempos se valoran más lentamente, la vida y la muerte están más cercanas y eso hace que pisemos con mayor fuerza el suelo. De verbenas, farolillos y sus dulces y paisajes hablaremos otro día.
Eh!, ya saben que todo no es tan idílico pero a veces se acerca.
Para mí lo peor son esas murmuraciones del corrillo vecinal allí en el fondo del callejón con sus interpretaciones erróneas. Y el transporte público, por sus austeros horarios.
Foto: F. M. C.
Ordenando acontecimientos, no sé cuál será mi futuro, supongo que ustedes tampoco lo saben pero una cosa tengo clara, en este pueblo tengo gente muy especial y querida y me sería difícil no compartir con ellas y ellos sonidos, silencios y la copa del viernes solucionando nuestro mundo de la periferia.

jueves, 14 de abril de 2016

Viaje a ninguna parte

Me preguntaba mi amiga Elvira que por qué tengo un blog. Le contesté diciendo que la cosa es muy sencilla: anteriormente, de vez en cuando, colaboraba en una revista comarcal y me di cuenta que escribir me ahorraba sesiones con el psicólogo. Sí, amigos de la trastienda, tengo un listado de neuras al estilo de Woody Allen y, al escribir, mis propios fantasmas desaparecen. Que conste que en ningún momento pretendo sentar cátedra, mis opiniones son de lo más simples (a estas alturas ustedes ya lo saben). Ahora, ustedes se preguntarán, ¿y para qué están los amigos?; bueno, pues los amigos están ahí, pero como son amigos y los quieres no vas a estar con ellos dando vueltas a tus neuras, al final eso se parecería a la burra enganchada a una noria dando vueltas en un viaje a ninguna parte.
Porque hay muchas clases de neuras que conducen a una personalidad determinada:
Veamos, eres de esos que están paseando y no paran de darle vueltas a las cosas: tengo que llamar para concretar una reunión, tengo que enviar un correo a mi hermano..., entonces eres un pensador compulsivo, controlador, dicho de otra forma, ¡eres un plasta!
Si eres de los que tiene exceso de pensamientos negativos y miedo al fracaso, entonces eres peor que la levadura que utilizo para que mis tartas aumenten, eres un pesimista y no sé por qué razón, si piensas que todo va a salir mal, al final sale mal, debe ser cosa de la inseguridad.
O bien eres de los que se agobian con los comentarios que hacen de ti los demás, vamos que entras recto por el camino de la fobia social, estás neurótico y paralizado y acabas sufriendo más que Felipe, mi personaje favorito en los cómics de Mafalda.
Personalmente me encantaría distanciarme de pensamientos negativos y de decisiones precipitadas. Cuando empiezo a rumiar demasiado, corto por lo sano o me pongo a arreglar armarios o le doy la tabarra a Míster D. y ahora a ustedes en mi blog (tranquilos es primaveral). Supongo que la actitud es lo que importa, hay cosas que no se pueden cambiar, sólo afrontar si se puede con la mejor sonrisa posible, y ahora viene mi pregunta favorita ¿Hay amor? Eso que no falte. Otro día les diré mi lista de neuras, pero otro día, que como les tengo cariño no quiero que se agobien.

Foto: almarmenor.blogspot.com

domingo, 20 de marzo de 2016

Woman

El otro día fui a una exposición de pintura, Woman Pop Art, bueno asistí al café y las copas ya que por razones de trabajo llegué tarde; pero fui y estuve con las artistas y su profesora. Esta última, nada más sentarme, me fijé que llevaba una camiseta con la foto de Audrey Hepburn y ya con eso me tiene en el bote.
Como os decía, estuve con ellas y me sentí muy bien. Y pensé en mi compañero Míster Parker, que siempre me habla de lobos (por cierto, historias muy interesantes) y de la gente friki. Y ustedes dirán ¿y esto a qué viene?, aquí la menda ya se anda por las ramas de Paquito Pla. El diccionario describe friki como raro, extravagante, pintoresco, persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición. Mi compañero para resumir describe a la gente friki como los que hacen de lo cotidiano algo genial.
¡¡¡VIVA LA GENTE FRIKI!!!
Recordé, de cuando estudiaba, a algunos de los profesores de los que llamaríamos “normales” y me vino a la cabeza la pizarra, ese cuadro aburrido, arriba, sin expresión, enfrente la mesa con sus sillas correspondientes siempre en el mismo lugar alineadas correctamente una detrás de la otra, monotonía tras más monotonía y la voz a lo lejos: hoy toca la página 14 del apartado… No quiero que se ofendan, de algunos de esos profesores guardo un buen recuerdo y mucha gratitud, pero de otros…
Pues bien Andrada posiblemente tú también perteneces  a la gente friki que hizo una exposición por el día de la mujer trabajadora, original, agradable; y estando con las artistas casi me entraron ganas de ponerme a pintar esa misma tarde cual posesa por la sincera ilusión que le ponen y el entusiasmo y por un momento olvidé lo cotidiano que puede ser un día nublado y frío a las 7 de la tarde y encima martes.