domingo, 6 de octubre de 2013

En tu cocina

Recuerdo cuando ayudaba a mi abuela a preparar las comidas familiares, las hierbas y las especias eran el complemento necesario de su cocina ya que, ella decía, cualquier plato mediocre se convertía en un plato exquisito gracias a ese complemento que potenciaba el sabor, la vista y el olfato. Con sus mezclas hacía maravillas, mezclaba perejil, hierbabuena, tomillo…, que además de mejorar el sabor, dejaban en su cocina y en general en toda la casa un agradable perfume.
Algunas las plantaba ella misma en su balcón, incluso tenía una especial que le ayudaba a mejorar la inflamación de sus hemorroides. Otras, según ella, como la canela ayudaban a mejorar el mal de amores, frecuentes en mi adolescencia. Siempre me decía que tuviera en la cocina una buena provisión de hierbas y especias que, junto con las patatas, los huevos y el aceite de oliva, son los ingredientes que nunca deben faltar en la despensa, y por supuesto la miel que ayuda a endulzar los malos ratos que a veces tiene la vida.  La verdad es que este consejo lo vengo cumpliendo hasta ahora.
Bueno, ya que hablamos de especias os cuento una historia del siglo X, en Japón, en la que interviene el perfume de brezo.
Un cortesano engañó a su esposa con tres mujeres diferentes en una misma noche. Una de ellas, arrepentida, se lo confesó a la esposa quien, con su ayuda, concibió un plan de encantamiento usando los perfumes para conquistar de nuevo a su esposo. La dama lo citó en la habitación, le quitó la ropa y extendió en el suelo una túnica para que él se recostase. Comenzó rociándole unas gotas de lirio sobre las sienes, canela por el cuello, tomillo por  las axilas, romero por los genitales; era tanto el exceso de aromas que el hombre se sintió triste y melancólico y se arrojó en brazos de su esposa. Ésta, viéndole vencido, sin apiadarse de su tormento, le administró unas gotas de brezo para que muriera como esposo infiel.
Jamás hubo un cuerpo tan fragante en su funeral.

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