con Dios en un lugar privilegiado”. Yo no soy creyente y siempre he pensado que cuando pierdes a un ser querido se queda en nuestros corazones y sólo ahí. Me hizo recordar que las personas necesitamos historias, creencias que nos permitan ir aguantando y que luego transmitimos de una generación a otra, independientemente sea creyente o agnóstico.
En cualquier caso no me gusta
calificar a las personas por su ideología, religiosa o de cualquier otro tipo,
marginando a los que no pertenecen al mismo grupo. Personalmente, cuando elijo
a mis amigos/as no me baso en el lado ideológico en el que se sitúan sino que
sean buena gente, acostumbradas a mirar fuera de sí mismas, más solidarias y atentas
a las emociones ajenas. Así pues, yo ese día me sentía afortunada de estar con
Mercedes compartiendo charla y libros.

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