miércoles, 13 de mayo de 2020
Quién iba a decir...
Tengo
un hermano, es alto, moreno, de ahí su apodo, “el negre”, de verbo espontáneo y
hace unos días fue su cumple. Así pues, te felicito, qué suerte tiene el mar de
tenerte, porque ya lo dijiste con tus canciones favoritas: naciste en el Mediterráneo,
concretamente en las Arenas, y le diste gracias a la vida, porque te ha dado
mucho.
Yo
también le doy gracias por lo que hemos compartido juntos, también por lo que
me has dejado en ese inventario emocional personal. Me gustaría ponerte al día, en estos días que cumples años. No te podrías
imaginar lo que está sucediendo. Ya sé lo que tú dirías: “seguir adelante”, es
lo que estamos haciendo. Llevamos 45 días sin salir, sólo para lo
imprescindible: ir al súper, farmacia y poco más. Me hubiera gustado ser más
romántica y decirte que llevamos 19 días y 500 noches y he de decir que a veces
me parecen 500 noches. Como te decía, estamos en casa por una pandemia y las
personas mayores como tú, como yo, hemos pasado a ser gente vulnerable, así que
nos quedamos en casa sin poder ver a los que más queremos. Es verdad que el
chocolate y el vino procuramos que no nos falte, los consideramos Míster D. y
yo botiquín de supervivencia.
Quién
iba a decir que en estos momentos mis mayores aventuras iban a suceder en el
despacho, a través de los libros, que mi casa iba a estar más limpia que la de
Mary Poppins, que el chocolate y el vino iban a estar en mi vida todos los
días, que la cita de las 21 h para hablar con mis hijos iba a ser lo mejor del
día, igual que la cita diaria con Eugeni al que agradezco sus vídeos que han
puesto un poco de humor a esta situación tan triste. Todo esto está sucediendo
y me pregunto si es realidad o ficción.
Te
acuerdas cuando la mamá nos decía: antes de comer lavaos las manos, mientras
coméis no os toquéis la cara. Eran palabras cotidianas; pues bien, hoy nuestra
madre estaría contenta, mil veces nos lavamos las manos y mil veces pienso en
no tocarme la cara, aunque este punto me cuesta, todo para evitar el contagio. Parece
una escena sacada de una película de extraterrestres, tenemos un enemigo común
todo el mundo mundial, invisible, cuyo nombre es coronavirus. Eso de corona le
da un aire monárquico que personalmente no me gusta. Cientos, miles de hombres
y mujeres sentados ante un microscopio en busca de una vacuna para hacerle
frente. Salimos a la calle con mascarillas y a la vuelta a casa todo lo que ha
tenido contacto humano tiene que pasar por un túnel de desinfección. Tenemos
que guardar las distancias, sí, sí, las distancias, al menos dos metros y de
abrazos y besos nada de nada.
Si
me preguntaras cómo me va te diría aquello que tantas veces me decías tú a mi
cuando te lo preguntaba: bien, si no entramos en detalles.
Y
llegará el verano y mi cerebro habrá generado mecanismos de defensa para hacer
frente a esos pensamientos que a veces me desbordan.
¡Quién
lo iba a decir. Cuídense!
P.D.
Ordenando fotos me aparece esta que me hizo y dedicó Angelito.
Fragmento de la película de Woody Allen "Si la cosa funciona" anticipando algunas medidas sanitarias:
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