viernes, 14 de septiembre de 2018
Septiembre
“Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si
hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con
aquellas que no me procuraron ninguna fortuna”.
Esta frase de Antoine de Saint-Exupéry y otra de la
novela Orgullo y prejuicio, que pondré
más adelante, me acompañan como el catecismo de mi niñez que repetíamos en
nuestras memorias sin apenas comprender, pero que salían con fluidez como una
cotorra que repite continuas frases.
Suelo hacer balance de mis recuerdos
mayormente en Septiembre, para mí es el mes de la nostalgia, de las primeras
pinceladas del otoño, casi como el comienzo de un nuevo año, aunque
sinceramente he de decir que nunca me gustó, hasta que me reconcilié con él al
nacer mi hija un 2 de octubre. Como dice la canción del Dúo Dinámico, “el final del verano llegó a su fin” y, sin querer,
se mezclan los recuerdos de mi vida pasada con las nuevas etapas que siempre
tengo en proyecto. Así es como siento septiembre.
Entre mis recuerdos siempre están
presentes mis padres, mi tío y mi abuela. Y los que no tuve el placer de conocer
están en las narraciones que mis padres contaban y que guardo con mucho recelo. De todo eso me
vienen pequeños fragmentos: las salidas a la calle para jugar, las meriendas de
mi abuela, el sonido de fondo de la radio y el perfume “Maderas de Oriente” de
mi madre, perfume penetrante y fuerte como lo era ella, y muchas cosas más.
Este verano, que realmente para mí
empezó en primavera, ha sido de aprendizaje, de sorpresa con determinadas
personas y de conocer gente nueva, yo diría que original, de permitirme pequeños
fogonazos de felicidad, muchos helados (véanse los kilos), copas y mucha
agitación nocturna (entiéndase charlas y mucho rumikub) y de fondo siempre el
mar, los baños y la música, jazz y pasodobles.
Para ustedes mis recuerdos son
personajes de papel, que yo al escribir convierto en vivos estableciendo un
camino entre los sentimientos y los recuerdos. Supongo que con el tiempo mis
recuerdos irán adquiriendo una cierta incoherencia y desorden.
La frase de Orgullo y prejuicio que citaba antes y que siempre me acompaña en la
toma de decisiones, de las que este año he tenido que tomar más de una que han
cambiado mi vida, la dice uno de los personajes de la novela, Elizabeth "Lizzy" Bennet:
“Solo estoy dispuesta a obrar de modo que conduzca a mi felicidad,
según mi propia opinión, sin tener en cuenta la de usted ni la de ninguna otra
persona tan completamente ajena a mí”.
Me llama una amiga, y me dice que
este año tenemos que aprender Swing con nuestras parejas. Y mi mente piensa en Míster
D. ¿Bailar con él? Imposible, es más fácil subir al Cerro con tacones. Ya les
digo que él presume que es de la generación de barra y charla, que se enteren
mis lectores, Míster D no baila, ya lo sé no es el fin del mundo. Aunque guardo
un vídeo grabado por mis amigas las viajeras en Ibiza bailando, que por cierto
lo hace genial, y creo que lo voy a utilizar para presionar.
Mi hermano, al que le encantan
las preguntitas estilo mindfulness,
me mandó un watshap con esta pregunta que aprovecho desde aquí para contestarle,
aunque a mí estas cosas no me van.
Pregunta: ¿Qué te viene a la
mente cuando oyes la palabra éxito?
Mi éxito es seguir viviendo y
conciliarme con las decisiones que tome en cada momento, querer y que me
quieran, poder pagar las facturas y por supuesto ver a mis hijos felices.
Y como siempre la misma pregunta
me ronda por la cabeza al finalizar el post.
¿Seguirá siendo fiel Angelito a
la vida urbana y a su gran amor Marilyn Monroe?
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