jueves, 15 de marzo de 2018

La ventana indiscreta

Les diré que me gusta muchísimo el cine, últimamente el cine francés de Jean Becker, del que posiblemente diríamos que es un cine meloso. Les comento algunos títulos de este director: La fortuna de vivir, Conversaciones con mi jardinero, Mis tardes con Margueritte… Cine clásico y también en una palabra, el cine.
En el barrio donde yo viví parte de mi adolescencia había varios cines. Cine Merp, Imperial, Lírico, Musical, Leones; posiblemente me deje alguno, ustedes disculpen pues mi memoria es austera. Me gustaba por las tertulias que se hacían al terminar la sesión. Les diré que mi primera cita con Míster D. fue en marzo y con la película Roma, ciudad abierta, del director R. Rossellini. También me casé en marzo; está claro que el mes de marzo es especial para mí. Incluso aunque me enfade con Míster D. siempre será especial aunque ahora añado también octubre y abril.
Bueno volvamos al cine. Para los que nos gusta el cine, la ruta empezaba por la mañana del domingo al recorrer con la pandilla los cuatro o cinco cines del barrio para elegir película, luego aperitivo en Ramonet (ensaladilla, calamares, hueva…), todo lo apuntaba en su pequeña pizarra, incluyendo la cuenta. Y por la tarde sesión de cine con el previo tedio del Nodo, las inauguraciones de pantanos y la pesca del Sr. Paco. El cine siempre ha sido para mí una fábrica de sueños, de imaginación, de abrazos en la oscuridad, de amores perdidos y encontrados, de viajes imaginarios. Era el lugar donde muchas familias pasaban las tardes de los domingos, pantalla gigante Cinemascope.
Han pasado muchos años de aquellas historias y allí quedan en mi memoria austera. Me sigue gustando el cine, las amistades de antes y las de ahora, sigo con mis encuentros, con mis decepciones, confiando, desconfiando, queriendo, abandonando para volver a empezar, pero todavía vibrando con el cine, volviendo a enamorarme (en mi caso del mismo hombre), de los mismos aperitivos. ¡Qué le vamos hacer, así de aburrida soy! El cine tiene fantasía, verdad e imaginación, incluso respuestas; por eso y más cosas me gusta. En realidad no quería hablar del cine pero ya me conocen empiezo con un tema y acabo como quieran mis hormonas cerebrales.
El otro día, comentando con un grupo de amigas, hacíamos una valoración de las redes sociales y nos llamaba la atención, sobre todo, la falta de discreción de estas redes, también sus fotos cursis, aunque en este último punto me identifico ya que, ya lo saben, lo “cursi” es lo mío, que si fotos con desayunos molones, que si vestidos bonitos, etc. Sobre la falta de discreción, cada cual que haga lo que quiera pero no se equivoquen, todas estas redes sociales son como la vida misma. Además de lo anterior, también se puede recibir información de eventos interesantes, conocer gente encantadora, incluso me he vuelto a encontrar con parte de mis amigos de juventud; por cierto, Angelito no aparece. En las redes sociales guardo con recelo mi intimidad, no se equivoquen, como cualquier persona que se precie y quiera a su familia y amigos, quiero decir con esto que quien es un maleducado y no tenga los códigos de lealtad claros lo es también en las redes sociales y en el día a día. Luego están, los que yo llamo, los de la ventana indiscreta, que no participan pero tienen Fb, instagram y otras redes sociales, creando perfiles incluso a veces falsos solo para cotillear de los demás sin aportar nada y, en ocasiones, criticando a estas mismas redes sociales.
Por cierto, volviendo al cine hay una escena en La ventana indiscreta del director A. Hitchcock en la que Grace Kelly llega con su neceser bonito del que saca un camisón súper glamuroso. Toda la vida persiguiendo esa escena con Míster D. y nada, aquí la menda con su mochila y sus pijamas, incluyendo peucos, eso no es glamour.
Así pues como ya comenté una vez en mi trastienda, chica despide a chico desde la ventanilla del tren mientras les envolvía una nebulosa de vapores y el tren arrancaba lentamente. Nos vemos.

PD. Entre esas pandillas amantes del cine también estaba Angelito