sábado, 12 de noviembre de 2016
Gracias
Empezaré con las palabras del título de la canción de J.M.Serrat “De vez en cuando la vida”; porque
la vida, de vez en cuando, te da sorpresas, aunque fueran cosas que ya sabíamos
que de un momento a otro iban a suceder. Y mientras esperas, sientes tristeza, te
vienen recuerdos, silencios, a veces risas, algún guiño con míster D. y
afrontas esos momentos con solidaridad, con mucha paciencia y más paciencia,
pero con la tranquilidad de saber que llegó el momento por su mucha edad. Y eso
te reconcilia y luego, poco a poco, te vas dando cuenta que todos estos
sentimientos junto con la paciencia sirven de gran ayuda. Es un lado más de la
vida y en esos momentos todo se concentra en esas cuatro paredes, esa ventana desde
la que día tras día observas el exterior, esos ladrillos rojizos y en el soporte
de arriba siempre dos palomas que parecían vigilar mi mirada de cotilla, a la
derecha una finca de la que siempre a la misma hora una mujer sale con su taza (posiblemente
con café) aunque qué más da, posiblemente tostadas, posiblemente ilusionada con
sus pensamientos del comienzo del día, y siempre a la misma hora.
Esa habitación de la planta tercera, acompañando a Míster D. a que un
familiar suyo despidiera este mundo y esperando y esperando, posiblemente en
sus sueños ya no estaba con nosotros, quien sabe dónde ha elegido estar.
Son momentos de cansancio, de incertidumbre, solo roto por el sonido del wasap
con mensajes de complicidad, también el sonido de alguna enfermera chillona. Y
esa complicidad es la que deseo agradecer en el nombre de Míster D y mis hijos,
y por supuesto también la menda. Complicidad que ha tenido mucha gente: la
familia, mis sobrinas que siempre me sacan la mejor sonrisa, nuestros amigos/as siempre atentos con la
situación; a todos les agradezco su apoyo y su lealtad hacia mi familia y esa
capacidad que tienen en tiempos de desconcierto de utilizar esas gafas
especiales con cristal rosa.
Que suerte tienen mis hijos, Míster D. y la menda de tenerlos como amigos.
Pero qué idiotez estoy diciendo, si forman parte de mi familia.¡¡¡GRACIAS!!
PD. Quiero agradecer a mi amiga la Correchera que coordinara el bando, y
cómo no, a Edu, “el chiquillo” (es como lo llamamos cariñosamente en mi casa)
por perder tiempo en su día libre para echar el bando.
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