jueves, 14 de abril de 2016
Viaje a ninguna parte
Me preguntaba mi amiga Elvira que por qué tengo un blog. Le contesté
diciendo que la cosa es muy sencilla: anteriormente, de vez en cuando,
colaboraba en una revista comarcal y me di cuenta que escribir me ahorraba
sesiones con el psicólogo. Sí, amigos de la trastienda, tengo un listado de
neuras al estilo de Woody Allen y, al escribir, mis propios fantasmas
desaparecen. Que conste que en ningún momento pretendo sentar cátedra, mis
opiniones son de lo más simples (a estas alturas ustedes ya lo saben). Ahora,
ustedes se preguntarán, ¿y para qué están los amigos?; bueno, pues los amigos
están ahí, pero como son amigos y los quieres no vas a estar con ellos dando
vueltas a tus neuras, al final eso se parecería a la burra enganchada a una
noria dando vueltas en un viaje a ninguna parte.
Porque hay muchas clases de neuras que conducen a una personalidad
determinada:
Veamos, eres de esos que están paseando y no paran de darle vueltas a las
cosas: tengo que llamar para concretar una reunión, tengo que enviar un correo
a mi hermano..., entonces eres un pensador compulsivo, controlador, dicho de
otra forma, ¡eres un plasta!
Si eres de los que tiene exceso de pensamientos negativos y miedo al fracaso,
entonces eres peor que la levadura que utilizo para que mis tartas aumenten, eres
un pesimista y no sé por qué razón, si piensas que todo va a salir mal, al
final sale mal, debe ser cosa de la inseguridad.
O bien eres de los que se agobian con los comentarios que hacen de ti los
demás, vamos que entras recto por el camino de la fobia social, estás neurótico
y paralizado y acabas sufriendo más que Felipe, mi personaje favorito en los
cómics de Mafalda.
Foto: almarmenor.blogspot.com
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