domingo, 27 de abril de 2014

Arreglar los armarios

Todos mis post se debaten entre dos mundos: el frívolo y el del intelecto, y está claro por cual me decanto. Luego llega mi chico y, por si quedaba alguna duda, me lo aclara:
- Tus post parecen la columna rosa de internet.
Entonces, mi cerebro genera mecanismos de defensa para hacer frente a sus críticas y decide que yo siga a lo mío. Hoy quiero hablar de una de las cosas que más me cuesta: el orden. Esa parte que tengo de “Susanita” se tiene que poner a trabajar porque mi casa necesita cambios.
Primer propósito: ordenar los armarios, que ya toca. Primero cojo un folio y empiezo a dibujar cómo quiero ese orden; por supuesto, luego echaré mano de las cajas (tengo unas preciosas muy vintage). Cuando llego a este punto empiezo a recordar todos los armarios que he conocido, la forma y contenido de un armario, creo que forman parte de la vida de las personas.
El primer armario que conocí era pequeño, de madera de haya, con mis iniciales talladas; después los he ido conociendo grandes, de madera de cerezo e incluso con compartimentos secretos. En época de escasez eran de aglomerado, simplemente estantes y sus puertas, cortinas a cuadros. Según la época el diseño era diferente, también unido a la economía familiar. Pero todos cumplían su función: establecer un riguroso orden.
Arreglar un armario es algo complicado, acumulamos tantas cosas: ese vestido que no puedes ponerte por cuestión de talla pero que te recuerda una noche de fiesta con las amigas, ese pañuelo que… Sigo sacando del fondo del armario cosas inservibles (como siempre, no me desprendo de nada) y, al ver los bañadores, empiezo a preparar un plan para el verano y a sentir el primer chapuzón.
Voy estableciendo un nuevo orden con ayuda de las cajas vintage para que mi armario quede perfectamente ordenado, donde cada cosa tenga su sitio y no pase eso de “qué me pongo”.
Sinceramente, ordenar un armario es como ordenar tu vida en dos horas.