miércoles, 26 de marzo de 2014
¿Hay amor?
No me
pregunten por qué pero me gusta escuchar y observar, en el autobús o el metro,
las conversaciones ajenas. Reconozco que es una fuente de información que luego
utilizo en estos post.
Una de esas
veces que iba en el autobús de la EMT había un grupo formado por varias parejas
con una edad entre los 40 y 50 años; un hombre de ese grupo no paraba de
protestar: que no gano suficiente, que mi hijo no estudia, etc. y, de esta
forma, justificaba su mala leche. La imagen que daba, para que ustedes me
entiendan, era la de malote de barrio cargado de chulería (como queriendo
imitar a Risto. Sí, ese del sofá de Chester y que en el fondo es un
tocapelotas). Volviendo a lo mío, este personaje del autobús les decía a los
otros que su mala leche estaba justificada por la situación de su vida y por la
crisis que afectaba al país. ¡Falso!, hay gente que soporta grandes penas y no
van por ahí demostrándolo.
Cuando
escuchabas un poco más descubrías que este personaje pertenecía a la tribu de
los agrios, descontentos de bar y autobús, que son incapaces de trasladar ese
descontento al trabajo en común para conseguir mejoras en la vida propia y de
los demás y que tienen suficiente con despotricar contra el mundo entero por lo
mal que viven, mientras se alegran del mal ajeno confirmando su teoría de que
el mundo tiene que ir peor que ellos.
Desde luego,
amargó a medio autobús con su mala leche. Eso sí, decía que era realista,
mientras una servidora lo veía como un borrego, obedeciendo al poder aunque lo
critique, y convencida de que en el trabajo era una persona servil, con esa
ideología tan abundante de “quítate tú que me ponga yo”; vamos, de esa gente
que consigue que el ambiente sea poco habitable.
Estuve a
punto de preguntarle: ¿hay amor?, pregunta que siempre hago a mi gente ironizando;
pero, lo confieso, no tuve valor porque creo que me hubiera fulminado con la
mirada y seguro que, después, mi chico me hubiera dicho: podrías ser un poco
más prudente y callar. Para llevar mejor vida, todos tendríamos que trabajar
como asignaturas prioritarias la felicidad y la autoestima. Cuando se es feliz
se es mejor persona.
Que conste
que si vuelvo a ver a este personaje le daré las gracias ya que su mala leche
me ha servido para escribir este post. Para que luego digan que el cotilleo no
sirve para nada.
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