Estoy preparando este post por la noche, cosa
rara ya que yo soy totalmente diurna. Pero, como he dicho al comienzo,
tengo el tiempo muy comprimido. Suena el teléfono, son las diez de la noche, y
es mi amiga que me dice que quiere hablar conmigo, ¿a estas horas?, le digo.
Pero no se queja de mi crítica, está claro que es mi amiga, y me dice:
¡relájate!, palabra que odio porque la vinculo a Ana Botella.
MI amiga habla y se pone a recordar historias
de veinte años atrás. ¡Qué horror!, le digo, hace veinte años hasta creo que era
más alta. Comprendo que mi amiga había comenzado con la conversación nostálgica
para ablandarme el corazón, cosa fácil de conseguir conmigo. Luego pega un
salto en la conversación y nos pasamos de un plumazo a la jubilación:
- Ya sabes, Paca, haremos viajes con el Imserso y nos convertiremos en abuelas frikis desatadas.
Después de una hora termina:
- Bueno, sólo te llamaba
para darte ideas para tu Trastienda, buenas noches, ya sabes que te quiero un
montón.
- Buenas noches, yo también
te quiero, Mercedes.
Mi amiga además de cómica es muy positiva,
eso me gusta y siempre que nos reunimos con ella nos hace sentir como la criada
que le dice a la niña en la película de “Criadas y señoras”:
- Tú eres lista, tú eres
importante, tú eres buena.
Así pues, la llamada de mi amiga ha cambiado
el sentido de este post que comencé con una sensación de agobio, por lo que le
dedico esta lista que he preparado compuesta por cosas que me provocan buenas o
malas sensaciones.
Buenas sensaciones: escuchar
música, reír hasta llorar de la risa, las ocurrencias divertidas de los amigos,
conversaciones con mis hijos, pasear por callejuelas y librerías, desayunos
largos, ir de picnic…
Malas sensaciones: la gente
hostil, el pesimismo, los que hablan del tiempo, las enfermedades contadas con
todo lujo de detalles, comer deprisa, los que prefieren el móvil a la
conversación, los que nunca se emocionan, los que prefieren la oscuridad
al color…

