Algunos objetos, sobre todo antiguos, despiertan en mí sentimientos, al igual que lo hacen las casas abandonadas. Es como si tuvieran vida; es más, intento imaginar quién y cómo los utilizaban, para qué servían, cómo vivían..., lo sé rarezas mías.
Determinados objetos de mi familia siguen conmigo ocupando un espacio, como una colección de viejos recuerdos. De algunos me acuerdo de su historia porque han sido testigos de algo importante y los mantengo bien guardados, como unas copas de frágil y delicado cristal que no podrían sobrevivir a la torpeza y prisas de ahora o a que alguno de mis perros decida darles una sacudida, aunque sé que el líquido que pusiera en ellas ganaría en calidad y presencia.
También imagino que, en el futuro, uno de mis hijos o nietos, encuentre en esos objetos un mensaje imaginario. Yo apenas los uso pero siento que a veces los objetos me unen a sentimientos encontrados o perdidos.
¿A vosotros os une algún objeto?